Reabre la Zona Arqueológica del Templo Mayor

La nueva techumbre protege los vestigios más antiguos del Huey Teocalli de Tenochtitlan, que corresponden a los adoratorios de los dioses Huitzilopochtli y Tláloc, pertenecientes a la llamada Etapa II (ca. 1390 d.C.)
Karina Corona Karina Corona Publicado el
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Una “granizada atípica” en abril de 2021 causó el colapso de la techumbre de la Casa de las Águilas, lo que llevó al cierre parcial de la Zona Arqueológica del Templo Mayor durante casi tres años; sin embargo, el pasado 31 de octubre, el sitio arqueológico reabrió sus puertas, lo que ahora permite a los visitantes acceder nuevamente a los adoratorios de Huitzilopochtli y Tláloc, los espacios más sagrados del Huey Teocalli de Tenochtitlan.

En dichos altares se realizaban ceremonias funerarias para los tlatoanis mexicas, cuyos restos cremados descansan bajo el suelo de la antigua ciudad.

Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo Templo Mayor, explicó que la reciente restauración incluyó el retiro artesanal de la cubierta anterior en la Etapa II, uno de los sectores más antiguos del complejo. La intervención buscó proteger los frágiles restos arqueológicos sin dañar la estructura.

“Ahora, presentamos la conclusión de estas tareas y, por lo tanto, la reapertura total de la Zona Arqueológica de Templo Mayor. Para no afectar los frágiles restos arqueológicos, el retiro de la vieja cubierta de la Etapa II exigió la coordinación de voluntades y especialidades. Muchas de las maniobras se realizaron de manera artesanal, ya que la distancia entre el lugar donde se encuentran los adoratorios de Huitzilopochtli y Tláloc, y el arroyo vehicular, impidió que una grúa apoyara en el retiro de la techumbre, como sucedió en la Casa de las Águilas”, detalló Ledesma.

Sobre el trabajo realizado en la Zona Arqueológica del Templo Mayor

La nueva cubierta es una estructura tridimensional que fue diseñada para abarcar 475 metros cuadrados sin soportes adicionales, con una durabilidad de 10 años sin mantenimiento, gracias a su ligereza y resistencia.

La clave, dijo, fue respetar el piso prehispánico que conserva estuco en varias áreas y es extremadamente delicado. La cubierta mantiene la cantidad original de soportes y se reforzaron los existentes, adaptándose a las características inestables del suelo del Centro Histórico, que continúa hundiéndose por la cercanía al antiguo lago de la ciudad.

Se hicieron, además, ajustes en la pendiente y el diámetro de las bajadas pluviales para asegurar un drenaje más eficaz y prevenir futuros incidentes como el colapso de la cubierta de la Casa de las Águilas en 2021, tras una fuerte granizada.

“La cubierta es, al menos, la mitad de kilos más ligera. Se respetó la misma cantidad de soportes, no se puso uno solo más, pero sí se reforzaron. La pendiente estaba en cinco grados y ahora tiene ocho y las bajadas de agua eran de cuatro pulgadas y ahora de siete”, agregó.

Además de la conservación arquitectónica, Ledesma mencionó que los cambios climáticos y la actividad sísmica requieren un monitoreo constante.

“El cambio climático está aquí y no podemos ignorarlo. Hay otras labores preventivas que se están pensando por los temblores, es un tema por el cual estamos preocupados”
Patricia Ledesma BouchanDirectora del Museo Templo Mayor

“Cada año tenemos un programa especial de conservación donde se detectan las cosas que cambian conforme pasa el tiempo, lo que hace 40 años le preocupaba a Eduardo Matos, no es lo mismo que nos preocupa ahora; en el caso de las lluvias, por ejemplo, sí tenemos que estar muy pendientes, mi restauradora, María Teresa Ramírez, se encarga cada año de identificar los puntos de riesgo y a eso nos dedicamos ahorita.

“Actualmente, estamos en la parte de atrás del Templo Mayor, porque finalmente las obras siempre te dejan huellas, entonces hay que estar cuidando que no se vaya a despegar el estuco de la pared”, especificó.

¿Qué piezas fueron repatriadas en el Museo del Templo Mayor?

Actualmente, el Museo del Templo Mayor alberga la exhibición de piezas arqueológicas repatriadas de Estados Unidos en octubre de 2023. Estas fueron recuperadas gracias a una operación encubierta de agentes de Homeland Security Investigations en Texas y devueltas en tres lotes que incluyeron 103 objetos de piedra, cerámica, hueso y materiales orgánicos.

Entre los objetos destacados se encuentran un portaincensario de estilo maya, pieza clave en ceremonias antiguas en las que se quemaban resinas como ofrenda. El objeto fue entregado voluntariamente por una ciudadana estadounidense, quien lo adquirió en 2016. Tras un incendio en la galería donde se exhibía, decidió devolverlo a México.

También se suma la lápida “Ce ozomatli“, un cilindro de basalto donado en septiembre de 2023 al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, y trasladado al Museo del Templo Mayor. La pieza, que representa un cráneo zoomorfo y la fecha “Uno mono” del calendario nahua, fue analizada por el investigador Emiliano Melgar Tízoc, quien identificó sus huellas de manufactura.

Fabricada con técnicas complejas, emplea materiales como basalto, arenisca, obsidiana, concha y turquesa, revelando un conocimiento avanzado de técnicas lapidarias de la época.

“Estas piezas se encontraban en buen estado de conservación. Forman parte de un esfuerzo de restitución cultural impulsado por Estados Unidos, que busca regresar artefactos obtenidos de forma ilegal”, indicó Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo Templo Mayor.

Sobre los objetos recuperados

El Museo del Condado de San Bernardino, California, Estados Unidos, reintegró a México colecciones bajo su resguardo que, tras un análisis de expertos del INAH, se identificaron pertenecientes a México.

Destacan un conjunto de figurillas, platos con asas pintadas. Platos y cajetes con decoración pintada, sonajas, brazaletes de concha, cuchillos de obsidiana, malacates de barro y ollas miniatura pulidas.

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