Felipe, el sanguinario
Ante una supuesta amenaza a su vida, Calderón hizo un video para su familia, en el que narraba que temía lo que cualquier mexicano hoy tiene como realidad, la posibilidad de no regresar a casa. Ante esa eventualidad se blindó tras costosas cortinas de humo, viajando de manera abusiva en helicópteros y gobernando tras un aparato policiaco que cualquier dictador envidiaría.
Gabriel Reyes OronaAnte una supuesta amenaza a su vida, Calderón hizo un video para su familia, en el que narraba que temía lo que cualquier mexicano hoy tiene como realidad, la posibilidad de no regresar a casa. Ante esa eventualidad se blindó tras costosas cortinas de humo, viajando de manera abusiva en helicópteros y gobernando tras un aparato policiaco que cualquier dictador envidiaría.
Son conocidas sus bravatas parlamentarias. Personalmente vi cómo retó alguna vez a Ángel Aceves, y, una vez que éste se puso de pie, el michoacano salió despavorido de la Comisión de Hacienda para nunca más volver. Después lo hizo con Diego, a quien también le sacó la vuelta, habiendo un largo rosario de anécdotas que lo pintaban como un sujeto rijoso de dientes para afuera. ¿En dónde radica su valentía? ¿En sacar las tropas violando la Constitución para evitar su temido derrocamiento? ¿Será por arriesgar la tranquilidad de las familias, ordenando refriegas y balaceras en poblado, incluso cerca de escuelas de infantes?
No tendría el valor de vivir una semana como usted a ras de tierra, y seguro pedirá un número de escoltas que ni Díaz Ordaz, Echeverría y Pinochet -juntos- usaran en toda su vida. Ahora resulta que cumplir con las tareas del cargo lo colocan como un sujeto de coraje y arrestos, cuando en toda su vida sin puesto, no fue capaz de denunciar o demandar en tribunales ningún atropello. Nunca encaró a nadie, siempre se movió entre ramas e intrigas, dado el conocido resentimiento ante los postulantes panistas que nunca le hicieron hueco en sus despachos; ante bancos que amenazaban con cancelarle su hipotecario, o ante los amigos ricos de su mujer, que lo ninguneaban a los dos minutos de conocerle. Pero, ¿cómo llamarle al perder la banda presidencial?
Algunos podrían decir que se tornaría en Cal-Nerón, ya que ilógicamente sonríe ante la república en llamas que deja, en la que corren ríos de sangre y donde el control fáctico queda en aquellos que dijo combatir.
Otros podrán decir que ahora sería Falderón, ya que es sabido quién puso a Maderito al frente del PAN, en contra del abanderado del Ejecutivo y, quién, finalmente, impuso a su candidata presidencial sobre el fallido cordero consentido. Vamos, el demócrata no pudo con “todo” su poder imponer a su hermana en Michoacán, donde todos estaban ya cansados de la incómoda, que solo por lista puede aspirar a cargos públicos.
En efecto, ese demócrata que derribó al régimen tricolor en Oaxaca, mediante súbitos movimientos que cobraron poder de choque de la noche a la mañana, tal y como hoy sucede en su natal Morelia. Ese honesto personaje que permitió que Mexicana, Pemex, CFE, y otras oficinas públicas, llenaran los bolsillos de sus cercanos encobijados como coyotes.
Pero no, cuando ningún otro país permitiría que las fuerzas del orden hicieran fuego en medio de civiles, este personaje pregona que es correcto hacer justicia a punta de pistola y que encuentra justificado teñir de sangre el territorio nacional, para atrapar a unos cuantos de los cientos o miles de capos que hoy circulan por el país ante su ineptitud. No, para mí, es claro que sin banda será simplemente Felipe, el sanguinario.