Ante este posible escenario adverso, el gobierno de Raúl Castro ha ido moviendo desde 2008 las bases del sistema para que el gobierno reduzca su gasto público.
Algunos analistas creen que para Cuba las consecuencias del fin del chavismo serían similares a lo que ocurrió con la caída de la URSS, pero diplomáticos extranjeros y especialistas cubanos comparten la idea de que Raúl Castro aprendió de aquella experiencia y se ha preparado para no depender nunca más de un solo país.
Dicen que una posible desaparición de Chávez ha sido analizada por la inteligencia isleña desde hace años.
De hecho, el gobierno cubano ha diversificado las fuentes de ingresos y créditos de Cuba; fortaleció lazos con potencias aliadas como China y Rusia, amplió acuerdos con países petroleros de Medio Oriente y África, y potenció las mejores relaciones de cooperación y comercio con economías fuertes de América Latina, entre ellas Brasil.
Las medidas tomadas por el hermano menor de Fidel Castro se enfocan a dos objetivos primordiales: apertura económica y eliminación del “paternalismo” del Estado.
Incluyen aligeramiento del aparato estatal y la corrección de los “errores” de la Revolución.
Las cifras son claras: más de medio millón de personas han sido despedidas de sus empleos, además de 15 mil maestros, 54 hospitales han cerrado, los impuestos aduanales y a los pequeños comerciantes aumentaron a más del doble, se ha permitido la apertura a la pequeña inversión privada, con licencias de por medio.
“Hay que borrar para siempre la noción de que Cuba es el único país del mundo en que se puede vivir sin trabajar”, dijo Raúl Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento cubano, en noviembre de 2010.
Anunciaba la ola de permisos autorizada en septiembre por el gobierno para los “trabajadores por cuenta propia”.
Agregó: “Se modificará el tratamiento laboral y salarial (…) suprimiendo los enfoques paternalistas que desestimulan la necesidad de trabajar para vivir”.
El gobierno eliminó los “comedores obreros” y los sustituyó por prestaciones para que compraran sus alimentos. En algunos casos, el dinero que los trabajadores perciben ahora para el almuerzo equivale a su sueldo mensual, que es en promedio de 20 dólares mensuales.
Los cubanos tuvieron permiso para poner su propio negocio, mediante una lista de 178 oficios para los que debían sacar licencia y pagar impuestos.
Desde entonces, se instauró como requerimiento tener licencia para ser “carretillero”, “desmochador de palmas”, “forrador de botones”, entre otros.
Fue el inicio de una campaña para contrarrestar la práctica de que los cubanos eran como pichones que solo sabían comer de la mano del gobierno.
“Muchos cubanos confundimos el socialismo con las gratuidades y subsidios, la igualdad con el igualitarismo”, recalcaba Castro en otro discurso el 22 de diciembre de 2010.
“Se trata de transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo, muy enraizados en amplios sectores de la población durante años, como consecuencia del excesivo enfoque paternalista, idealista e igualitarista que instituyó la Revolución en aras de la justicia social”, ampliaba.
Luego se anunciaron las medidas para el cierre de hospitales, de plazas de servicio público y de maestros, mientras cada vez más cubanos podían abrir un pequeño negocio propio.
Menos garantías sociales
En este panorama de apertura económica, las garantías sociales que habían sido bandera del socialismo cubano parecen estar en un hilo, aunque Castro ha negado en sus discursos que eso vaya a suceder.
En opinión de Osmin Martínez, editor del diario El Nuevo Herald de Miami, estas nuevas “libertades económicas” no afectarán las bases del sistema.
“Se encaminan a un modelo de capitalismo de estado controlado por un grupo muy pequeño de individuos.
“El gobierno trata de que la gente pueda tener algunos negocios, cierta libertad económica, pero sin la posibilidad real de enriquecerse”, apunta.
Los profesionales cubanos se han enfrentado desde los noventa a la contratación por parte de extranjeros, quienes han pagado una mano de obra muy preparada y barata, pero tenían la contraparte de los subsidios estatales.
“Si se expande el espacio de la cobertura privada, hay gente que podía ganar 20 dólares (mensuales) pero tenía un buen médico de la familia, podía operarse del corazón.
“Si se amplía el espacio de contratación privada cubano-extranjero, pero hay una merma a los servicios sociales entonces la propia legitimidad del discurso se erosiona”, considera Chaguaceda, quien es miembro de la Red Observatorio Crítico, que agrupa a intelectuales cubano en pos de la crítica desde dentro del régimen.
Capitalismo en ciernes
“Ya corregimos algunos errores de los últimos años, ahora el que quiera puede ir a un hotel, siempre que pague”, dijo un empleado del gobierno cubano.
El problema es tener el dinero para pagar. En noviembre de 2011, el gobierno de Raúl Castro permitió que las personas compraran y vendieran sus casas, para corregir la enorme red de corrupción que se había adueñado del sistema de intercambio de inmuebles que se conocía como “permutas”.
Logró con esto que la compraventa de inmuebles pasara por los bancos estatales y que tanto el vendedor como el comprador pagaran un cuatro por ciento del valor del inmueble como impuesto estatal.
Desde entonces las casas en la isla comenzaron a cotizarse en dólares y triplicaron su precio.
Lo mismo sucedió con los automóviles, cuyo comercio igualmente estaba restringido a particulares y fue autorizado en octubre de 2011.









