#CamachoSolís

Toma distancia de AMLO

Negociador y pragmático ha sido “el” interlocutor de la nueva izquierda mexicana. No cree en los enfrentamientos dogmáticos ni en el aislamiento pero critica la actuación del PRI en las pasadas elecciones. Conoce cómo piensa Manuel Camacho Solís y los próximos retos que enfrentará este político

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"Si no hay un costo a la impunidad, no hay forma de que sea creíble el estado de derecho en México”
El PRD fue un partido que recibió a políticos ex priistas como Ricardo Monreal, Andrés Manuel López Obrador, y Arturo Núñez
"Si la función que hay que cumplir es ir al choque, es ir a la toma de la tribuna, es ir a ver cómo hacemos el mayor daño, yo no sirvo para eso, yo no creo en eso”
Para muchos, Cárdenas Solórzano ganó la presidencia. Sin embargo eso nunca se podrá saber bien a bien
El PRD fue un partido que recibió a políticos ex priistas como Ricardo Monreal, Andrés Manuel López Obrador, y Arturo Núñez

Hay en definitiva un rompimiento de Manuel Camacho Solís, con las posturas de Andrés Manuel López Obrador. Eso queda claro luego de platicar con este avezado político de 66 años, acaso uno de los mayores negociadores de este país en las últimas décadas.

Por un lado, Camacho privilegia el proceder político desde una óptica de gobierno, de conciliación y negociación. Y en ello está más que entrenado quien muy posiblemente estará al frente de la fracción del PRD en el Senado.

Por el lado del tabasqueño, se impone un ideal que es inalcanzable.

Y si en la esquina de Camacho –ex regente de la capital- la marca de la casa es el mejor de los mundos posibles, el pragmatismo, el realismo, en la otra esquina está el apostolado y la redención, pero también el enfrentamiento y la ruptura del diálogo.

Todo lo cual podría traducirse en la ausencia de López Obrador cuando Manuel Camacho esté presente al tiempo que a Enrique Peña Nieto asuma la presidencia, el próximo 1 de diciembre.

-¿Vas a estar presente el día que Peña reciba la banda presidencial? –le pregunto a Camacho.

-Lo que sí sé es lo que no voy a hacer: no voy a hacer una protesta que lo único que logre sea aislarnos de la sociedad. No creo en eso. Tampoco creo que nos convenga ir a seis años de simulación. De que nadie existe aquí, de que todos nos escondemos…

Empero, el colmilludo líder no le instala una alfombra tan tersa al PRI. Primero –precisa-, habrá que observar de cerca el papel que desempeñe el Tribunal Federal Electoral. 

Que considere la suma de irregularidades del proceso electoral. Tal vez quepa aún anular la elección, si es que no fue ni “auténtica”, ni “libre”.

Aún si no se anulan los resultados y a esto siguiera el cuento del presidente interino que ha imaginado López Obrador, debe Peña Nieto reconocer que hubo un gran desaseo y debe haber las consecuentes sanciones.

Sólo en una cierta postura Camacho Solís me pareció que coincide a grandes rasgos con los frases de López Obrador: no piensa que hubo alternancia pactada, si por ésta entendemos un acuerdo secreto entre Calderón y Peña, pero sí entre la “oligarquía”, los grupos fácticos de poder, y las cúpulas panistas y del PRI.

Este acuerdo no se habría dado desde 2006, como una forma de devolver el favor Calderón al PRI por haberle legitimado la recepción de la banda presidencial, sino más exactamente cuando durante la campaña, Josefina desciende al tercer sitio.

Y entonces, viendo los “poderosos” que López Obrador eleva el vuelo, y que puede incluso triunfar, pactan una alternancia dialogada y acordada. Esta tesis, siendo camachista, tiene un aroma a Macuspana.

-Había ya un acuerdo de intereses. Y no sólo estaban Peña, y Calderón. Sino muchos empresarios, mucha gente que estaba convencida que había que frenar a López Obrador –admite.

-Uno de de estos personajes que pudieron haber influido en su calidad de político, pero también como cercano al empresariado es Carlos Salinas de Gortari. ¿Es así? –le pregunto.

-Carlos Salinas… a veces dicen que es muy importante, a veces no lo es tanto. Creo que el peso que tiene en el PRI sigue siendo muy grande.

Y el ex secretario de Relaciones Exteriores justamente en el sexenio de Salinas vuelve a su tesis:

-Considero que en cierto momento lo que hay son intereses que se juntan. Y que cuando han habido acuerdos previos, eso permite que las cosas puedan en algún momento cuajar –opina.

“Me parece que al PAN en general y al gobierno en particular, les era más cómodo que ganara Peña”, que López Obrador. Sin embargo, para Camacho, el origen de todo se halla en 1988, cuando surge el interés de que la izquierda no crezca.

La agenda de la izquierda

Ese deseo de bloquear a la disidencia podrá haber empezado junto con la administración salinista. Sin embargo, hoy gozan de salud varias izquierdas en México. 

Camacho habita en la más “civil”, por así llamarla. En la que tiene una agenda muy clara cuando llegue al Congreso a fines de año.

Agenda que pone a la vista tres puntos: uno, cerrar el capítulo de las elecciones de la forma más democrática posible: “Si no hay un costo a la impunidad, no hay forma de que sea creíble el estado de derecho en México”, considera.

Dos, cambiar las condiciones que llevaron a la inequidad. ¿Cómo? Replanteando la vinculación de los medios de comunicación y la política por la vías comerciales… para que no ocurra de nuevo que los consorcios mediáticos entronicen un candidato. Y buscar que los gobernadores no ordeñen sus presupuestos estatales para apoyarlo.

En esas dos líneas reside para Camacho Solís el núcleo para renovar el sistema político mexicano.

“Cambiar la relación con la televisión y cambiar el uso del dinero en la política, es el principio de un cambio de régimen político”.

Paralelamente, advierte que no se opondrá, por supuesto, a propiciar un “estado de bienestar”, una seguridad social universal. Una izquierda no se podría oponer a eso. Sobre cómo hay que financiarlo, sí habría motivo de discusión.

Porque con IVA, no es plausible hacerlo –dice-.

Y tres: el tema económico. Cuyo debate está muy atorado. La diferencia para que el país crezca, es que haya un estado de derecho, que haya una reforma judicial, que el crimen baje, que haya menos violencia.

Si hay gobernabilidad –visualiza-, habrá inversión en México.

Por lo pronto, Camacho y López Obrador están pensando en dos cosas diferentes.

-La circunstancia de Andrés Manuel López Obrador es defender su posición y sus votos –explica Camacho-. Y lo que él considera que es la condición “sine qua non” para que el país cambie, es que haya un ataque frontal a los actos de corrupción que hayan ocurrido. 

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