Baltasar Garzón es un icono mundial de la justicia y de los derechos humanos.
Siempre desafiando al establishment, siempre en el ojo del huracán.
Un juez de la historia que será recordado por haber llevado a proceso al presidente chileno Augusto Pinochet.
Aunque sus logros en materia de justicia van más allá. Su impacto es global.
Porque ha sometido a hombres y mujeres de poder, alguna vez intocables, que cometieron crímenes contra la humanidad y los derechos humanos.
Por eso fue el padrino de Reporte Indigo Cinco Días. Porque Garzón encarna la lucha constante contra la corrupción y la búsqueda permanente de la justicia.
A continuación te presentamos algunos extractos de la entrevista que nos concedió.
Ramón Alberto Garza:Primero gracias por estar aquí, gracias por ser la primera entrevista de Reporte Indigo Cinco Días. gracias por ser el padrino de este medio que hoy nace.
Baltasar Garzón: Muchísimas gracias. Para mí es un placer acompañar esta puesta en escena de un nuevo medio de comunicación. Con la importancia que eso conlleva en un mundo y en una sociedad, no solo globalizada, sino de la comunicación.
Hoy día no somos nada sin la comunicación, por tanto la responsabilidad de los medios cuando inician y cuando continúan. Esa labor de protección, y no sólo de información a los ciudadanos resulta importantísimo estar, apoyar y también como ciudadano exigir esa responsabilidad.
RAG: Juez Garzón, has sido pionero en esto que podemos llamar la busqueda de la justicia global. ¿Dónde percibes avances y en dónde retrocesos?
BG: “Yo siempre he procurado observar lo que sucedía y lo que sucede en el mundo. Al fin y al cabo la justicia es un valor.
Las reglas que desarrolla el derecho para llegar a la aplicación de esa justicia son las que nos marcan los límites, pero el análisis contextual, en análisis de lo que sucede de la sociedad a la que se tiene que aplicar esas normas, es fundamental.
Y en ese sentido, hemos visto que a lo largo de los últimos 50 años del siglo 20 se han producido episódicamente una serie de agresiones globales, universales, masivas contra las sociedades, contra los pueblos, y también los países.
Los gobiernos democráticos se han ido dando cuenta de que no todo vale, de que es imposible asumir esa agresión constante inhumana contra la humanidad.
De ahí que se han establecido una serie de principios universales que son validos para todos y cada uno de los seres humanos. Unos principios que establecen el criterio de víctima universal, porque universales son los daños, y por tanto universal es la obligación de dar la protección.
Y en ese ámbito quizás el aporte que yo he podido hacer ha sido el de ser un observador, a veces el de ser casi un reportero de lo que estaba aconteciendo, trasladarlo a un escenario legal y aplicar las normas teniendo en cuenta no sólo el localismo de la agresión concreta, sino la interrelación que había entre esa agresión y otras en un espacio mucho mayor. En un espacio internacional en el que la acción delictiva o la acción criminal no tenía en cuenta las fronteras.
Entonces yo me planteaba: ¿Por qué nosotros tenemos que tener en cuenta las fronteras cuando limita la posibilidad de aplicar la acción de la justicia? Busquemos la fórmula para que esto no sea así.
Y sencillamente esto es lo que yo, pero también otros como yo, hemos hecho a lo largo de los años.
RAG: ¿Qué precio pagas por romper ese status quo? Tienes una cantidad impresionante de admiradores y seguidores en todo el mundo, pero también una cantidad importante de enemigos.
BG: Yo no sé el precio que cada uno está dispuesto a pagar por aquello en lo que cree. No está escrito.
Cada uno establece la medida. La mía puede ser insuficiente para algunos, o excesiva para otros.
He procurado siempre tener una línea de coherencia en mi actuación, acertada o desacertada, pero he procurado hacer compatible lo que pensaba con lo que hacía, y lo que hacía con lo que pensaba. Y por tanto no hacer una reserva mental cuando se trataba de aplicar la ley, de aplicar las normas. Y hacerlo con ese plus de compromiso, de protección a las víctimas.
Me declaro culpable de haber protegido a las víctimas, y lo haría siempre porque creo que la balanza no es igual.
El feel de la balanza no es que los victimarios y las víctimas tengan que estar a un mismo nivel, porque ya desde el momento de la agresión, están en diferente nivel. Por tanto hay que equilibrar, incluso priorizar y evitando la revictimización, dar mayor protección al interés más necesitado de esa protección. Es decir, a las víctimas.
Por tanto quizás hay ahí algunos críticos han dicho que yo anteponía siempre esa protección, y que a veces interpretaba, prospectivamente, o demasiado hacia adelante las normas.
Es posible, pero es la única manera, entiendo yo, de que el derecho evolucione. Eso sí, dentro de los márgenes que establecen los principios fundamentales internacionales de derecho internacional y del derecho local.
RAG: ¿Cómo percibes a México desde la primera vez que lo visitaste, en esta época reciente? ¿Cómo ha evolucionado o involucionado desde ese momento que viniste por primera vez a esta fecha?
Bueno, resulta evidente que México tiene un gravísimo problema de seguridad y de violencia. Dosis masivas de violencia no pueden ser justificadas diciendo que son ajustes entre bandas o entre miembros del crimen organizado.
Porque aunque fuera así, genera una inseguridad y un desasosiego en la sociedad, y supone el quiebre, de la ruptura de esa propia sociedad porque el Estado no llega o no cumple de la forma que el ciudadano requiere.









