#Violencia

Regresan los encapuchados

El gobierno de Enrique Peña Nieto vive hoy amenazas que se cubren el rostro. Explosiones, disturbios, violaciones y acusaciones han puesto en entredicho el tema prioritario para los ciudadanos: la seguridad. ¿Hay mano negra detrás? Las versiones ya están corriendo

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Desde el 1 de diciembre, día que tomó posesión EPN, se desencadenaron una serie de sucesos que pusieron en entredicho el arranque de su sexenio, y en peligro, sus buenas intenciones.  
Las preguntas alrededor de estos casos son muchas: ¿Son espontáneos? ¿Son casuales? ¿Alguien los mueve?

Para muchos la concordia ha tratado de ser el sello del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. 

Llegó al poder con discursos y acciones donde destacaban los pactos, las reformas, las transformaciones y los acuerdos.

Sin embargo la realidad le está imponiendo otra agenda y hay sucesos que orillan a sospechar que otros muchos no piensan como él.

Desde el 1 de diciembre, día que tomó posesión, se desencadenaron una serie de sucesos que pusieron en entredicho el arranque de su sexenio, y en peligro, sus buenas intenciones.

Fueron acciones que afectaron de manera frontal dos temas que más importan a los mexicanos: la seguridad y la violencia.

Estos vinieron uno tras el otro y en diversos puntos del país.

Arrancaron con los disturbios en la toma de protesta, la demostración de poder del casi desaparecido EZLN y el aumento de las ejecuciones en DF y Edomex.

Después aparecieron los policías comunitarios de Guerrero, las violaciones en Acapulco, el secuestro de los trabajadores de El Siglo de Torreón y los actos vandálicos de los estudiantes de la UNAM.

En medio de todo ello, como dinamita, surge la explosión en la Torre de Pemex, y el dicho de un personaje anónimo que le aseguró a The New York Times que Estados Unidos habría vetado a Moisés García por sus supuestos vínculos con el narco.

¿Y qué tienen en común estas acciones? Que sus autores no tienen rostro.

Unos literalmente se lo cubren; envían misivas desde la selva, destruyen planteles escolares, violan y toman justicia por su propia mano.

Otros actúan bajo otra capucha muy efectiva: el anonimato del informante encubierto con una cachucha de la DEA o como jugador en los medios de comunicación

Las preguntas alrededor de estos casos son muchas: ¿Son espontáneos? ¿Son casuales? ¿Alguien los mueve?

Y para responder estas cuestiones hay tres versiones que circulan.

La de quienes dicen que el origen de estos eventos podría venir de los poderes fácticos que han visto amenazada su posición en la nueva mesa de juego.

Ya sea por las reformas propuestas, por los cambios en los liderazgos de puestos clave o por ocupar vacíos de poder que se dieron en la transición.

En segundo lugar, está la de los que aseguran que es parte de un plan de desestabilización de quienes podrían estar mandando el mensaje: “Ya ven, estábamos mejor cuando estábamos peor”.

Y la tercera que ubica el epicentro en el corazón del círculo íntimo de Los Pinos, donde se gestaría una intriga palaciega. 

Y que los dardos envenenados tienen un destinatario: Miguel Osorio Chong. Al fin y al cabo, es el funcionario responsable de la seguridad del país. Revisemos los sucesos.

1 de diciembre de 2012

Toma de protesta

Anarquía sin rostro

La violencia sin rostro volvió al Distrito Federal el 1 de diciembre, día de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto.

Desde esa fecha, se señala a individuos encapuchados como responsables del conflicto que puso en jaque al Gobierno del Distrito Federal y a Miguel Ángel Mancera Espinosa en su arranque como jefe de Gobierno.

Los videos y fotografías de aquel día muestran en acción a  estos grupos, con tintes rojos y supuestamente subversivos que, con su aparición, causaron destrozos y desaparecieron.

Las autoridades hablaron al principio de anarquistas como autores de los desmanes y les pusieron nombre: la Cruz Negra Anarquista y la Alianza Anarquista Revolucionaria, que salieron a dar la cara sin capuchas para deslindarse de los hechos y denunciar haber sido utilizados como chivos expiatorios.

Pero todos vieron a los encapuchados que decían groserías, se presentaban como el pueblo unido y arremetieron contra las marcas internacionales. ¿Anarquismo puro?

ENERO

EDOMEX Y DF

Metrópolis bajo fuego

Todo comenzó en septiembre del año pasado como una disputa en Ciudad Neza. Entonces dijeron eran “rumores de violencia”.

Ahora, de pronto,  el ejecutómetro del Estado de México, como del DF han tenido una actividad inusual provocando que el Edomex haya sido la primera entidad que pide la entrada de la Marina y el Ejército durante el nuevo gobierno.

Casi un centenar de personas aparecieron muertas violentamente durante enero, muchas acompañadas de narcomensajes.

Varios de los cuerpos fueron dejados en bolsas negras en distintos punto de la capital, Toluca, pero la alcaldesa dijo que ella no tenía nada que ver porque “eran de otro lado, sólo los vienen a dejar aquí”.

Casi a finales del mes, el gobernador priista Eruviel Ávila aceptó que los márgenes crecientes de violencia se deben a una disputa entre los cárteles de La Familia Michoacana y Guerreros Unidos.

El surgimiento de la violencia ha provocado que los gobernadores del centro del país hayan hecho un acuerdo para establecer un “escudo protector”. 

5 de enero

GUERRERO

El lado oculto de la justicia

Desde el 5 de enero en la Costa Chica de Guerrero los ciudadanos de al menos 13 poblaciones aledañas al Municipio de Ayutla de los Libres tomaron las armas.

Cubriendo el rostro con pasamontañas o con improvisadas capuchas los pobladores, en su mayoría indígenas, dijeron estar hartos  por la violencia y la nula aplicación de la justicia ante el crimen organizado.

La llamada Unión de los Pueblos Organizados del Estado de Guerrero (UPOEG) empezó a patrullar las calles y detener a todos los que se sabía desde antaño que eran delincuentes.

Instalaron retenes en las entradas y salidas de los poblados. Las autoridades federales, estatales y municipales nada hacían. Parecía que nada estaba pasando.

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