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Presas del amor

A Rocío, el amor la llevó a la cárcel. Actualmente purga una condena de 20 años por el delito de secuestro, un crimen que ni siquiera estaba en su cabeza cometer, pero en el que participó porque su pareja se lo pidió. Fue la prueba de amor que durante semanas él le había estado solicitando.

En Michoacán, en una de cada cinco indagaciones está involucrada una mujer con nexos sentimentales con el jefe de la célula criminal
En los últimos dos años, 842 mujeres han sido procesadas por delitos federales, en los que participaron al lado de sus parejas
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A Rocío, el amor la llevó a la cárcel. Actualmente purga una condena de 20 años por el delito de secuestro, un crimen que ni siquiera estaba en su cabeza cometer, pero en el que participó porque su pareja se lo pidió. Fue la prueba de amor que durante semanas él le había estado solicitando.

Actualmente, en Michoacán son 74 mujeres las que se encuentran vinculadas a procesos penales por delitos cometidos por sus hombres, en la mayoría de los casos concubinos. El delito que más repunta en esa relación es el de secuestro, seguido de delincuencia organizada, narcotráfico y portación de armas de uso exclusivo de las fuerzas federales.

De las 74 mujeres que infringieron la ley al lado de sus parejas, 12 ya fueron sentenciadas en la primera instancia con condenas que van de siete a 25 años de prisión. A la mayoría se le asocia con el cártel de los Caballeros Templarios porque sus parejas fueron reconocidas como parte de esa organización criminal.

Rocío, de apenas 25 años de edad no se resigna a vivir los próximos 20 años de su vida dentro de la cárcel de Morelia. Llora cada vez que se acuerda de la sentencia que le dictaron hace apenas tres semanas. Sabe que hizo mal atendiendo la petición de su pareja, pero se consuela reconociendo que lo hizo por amor. 

Por eso no se negó a cuidar y darle de comer a una persona que estuvo secuestrada durante 22 días en una casa de Apatzingán. Ella era la responsable de atender al que estaba esposado a una cama. Lejos de pensar que estaba cometiendo un delito, pensaba que hacía un acto de caridad, porque hasta se esmeraba para darle de comer bien y puntualmente al retenido.

Cuando las fuerzas federales, apoyadas por un grupo de autodefensas, irrumpieron en la casa donde estaba el secuestrado, Rocío levantaba el plato en donde le sirvió como cena un pedazo de bistec con frijoles y una salsa que ella mismo hizo en el molcajete. Fue llevada al lado de su pareja y sometida a proceso recluyéndola en la cárcel de Morelia.

Desde hace dos años no ha visto a su pareja. Él está segregado en la zona de alta peligrosidad del área de delitos de alto impacto de la cárcel estatal de Mil Cumbres, en la capital de Michoacán. Desde seis meses Rocío no ha recibido contestación a la última carta que le mandó, por eso sospecha que irremediablemente ya lo comenzó a perder.

Ella dice que el amor no la mata, el amor que siente por Anselmo es el que la sostiene dentro de la cárcel. Tiene la esperanza de que en la apelación a la sentencia le otorguen la libertad, lo que le daría la posibilidad de visitar a su hombre, del que sabe que no saldrá hasta que cumpla su sentencia, toda vez que él se encuentra confeso del delito que se le imputa.

El amor Templario

Como el caso de Rocío hay cientos en todo el país.  De acuerdo a la PGR, solo en los últimos dos años, un total de 842 mujeres han sido procesadas por delitos federales, en los que participaron al lado de sus parejas. En la mayoría de los casos, el hombre es el principal indiciado, pero la mujer también se encuentra recluida.

De esas 842, en casi el 45 por ciento de los casos el agente del Ministerio Público de la federación logró que un juez las destinara a reclusión preventiva en prisiones federales, principalmente en la de Tepic, la mayoría acusada de delincuencia organizada. El 95 por ciento de ellas se mantienen a la espera de una sentencia.

De las entidades que mayor número de mujeres vinculadas a procesos penales con sus parejas aportan al sistema penitenciario federal, despunta Michoacán, seguido de Tamaulipas, Jalisco, Zacatecas y Veracruz. El cártel de los Caballeros Templarios es el que más mujeres involucra en sus actividades delincuenciales, seguido por Los Zetas.

De acuerdo a datos de la Procuraduría de Justicia del Estado de Michoacán, en por lo menos mil 482 averiguaciones previas abiertas en donde se hace referencia a la actuación delincuencial de Los Caballeros Templarios, siempre resalta el nombre de una mujer como pareja de algún jefe de plaza, y a la que se le vincula con la actividad criminal.

La cifra es relevante si se considera que en los últimos dos años en el estado de Michoacán se han iniciado cerca de 5 mil 600 averiguaciones previas por diversos delitos atribuidos al crimen organizado, lo que revela que en una de cada cinco indagaciones está involucrada una mujer con nexos sentimentales con el jefe de la célula criminal. 

Las persiguen las autodefensas

Por el grado de participación que tuvieron algunas mujeres en diversos delitos de alto impacto, en su relación sentimental con jefes de plaza de Los Caballeros Templarios, hoy los grupos de autodefensa tienen una lista de más de 120 que agredieron a la comunidad.

En la lista, que es compartida con algunos grupos de trabajo de las Fuerzas Federales desplegadas en la entidad, se encuentran esposas, amantes, hermanas y amigas de los principales jefes de plaza, a las que se quiere detener para vincularlas a los procesos penales que la mayoría de los ex Templarios ya enfrentan en prisión.

De ese listado, cerca de 32 de ellas son buscadas oficialmente por la Procuraduría de justicia, luego de acreditarse su participación en diversos ilícitos.

Por lo anterior, se presume que las cifras de mujeres que delinquieron a cambio de una relación sentimental vaya a la alza en los próximos meses en Michoacán. De acuerdo a estimaciones de funcionarios de la Procuraduría de justicia del estado podría crecer en casi un 100 por ciento en el recuento del primer semestre del año entrante.

La Paloma no pudo volar

Paloma está en la cárcel de Mil Cumbres. Enfrenta un proceso por secuestro y homicidio. Sobre su cabeza penden dos grandes pesares: una posible sentencia de más de 50 años de cárcel y haber perdido al amor de su vida.

A los 18 años conoció a Enrique “Kike” Plancarte, uno de los máximos jefes del cártel de Los Caballeros Templarios. Se enamoró perdidamente de él. Dice que la deslumbró la forma en que la trataba “y todos los detalles con los que siempre la sorprendía”. Una vez le regaló una camioneta nueva repleta de rosas para decirle cuánto la amaba.

La primera vez que ella estuvo con el jefe de los Templarios, quien fue abatido en Querétaro en el 2014,  “Kike’”se la llevó de un baile a Morelia. Con los meses lo comenzó a amar, “porque era muy cariñoso. Era como un niño cuando iba a verme. A veces terminaba llorando por todo el amor que me tenía”.

Pronto Paloma comenzó a involucrarse en los negocios del jefe del cártel michoacano. “Kike” le hacía encargos que requerían su total confianza. Ella se hizo cargo del cobro de algunas extorsiones, porque pensaba que era gente que le debía dinero por algún servicio prestado. 

Una vez le pidió que fuera a Lázaro Cárdenas a cobrar un dinero. Le puso a sus servicios dos grupos de sicarios para que la auxiliaran. A sus 22 años ya tenía el poder de decidir sobre la vida otras personas.

Un empresario se negó a pagar 2 millones de pesos que pidió “Kike”. Paloma no lo pensó dos veces y, para darle buenas cuentas a su amante,ordenó el secuestro del hombre y tras dos días de negociaciones con la familia –que no pudo recabar el dinero solicitado- ordenó la muerte de su víctima.

A Paloma la detuvo la Policía Federal en Querétaro, dos días después de la muerte de Plancarte. Estaba a punto de tomar un vuelo hacia Tijuana, pero fue ubicada por su teléfono celular, cuyo número estaba registrado en el móvil de Plancarte. Fue entregada a la Procuraduría de justicia de Michoacán, que la buscaba desde hacía un año. 

Hoy está presa llorando la desgracia de haberse enamorado de un hombre que la hizo perder la cabeza.

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