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Papa pone Papa

Benedicto XVI renunció ayer a su pontificado. De los 118 cardenales que elegirán a su sucesor, 68 fueron ordenados por él. Problemas de salud, intrigas y cansancio espiritual provocaron su dimisión

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"El Papa morirá en 12 meses".

Esta amenazante declaración la habría hecho el arzobispo de Palermo, Paolo Romeo, durante un viaje a China en febrero de 2012. 

Aunque extraña, la frase podría haber pasado inadvertida, si no es porque la hizo precisamente... ¡hace un año!

Es decir, según los dichos del arzobispo Romeo –revelados por el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos y publicados a su vez por el periodista Pablo Ordaz, en El País– a estas fechas Joseph Ratzinger estaría cerca de su fallecimiento.

Pero no, el Papa no ha muerto. Sin embargo, decidió poner fin a su vida como representante de Dios en la Tierra.

Coincidencias, complots o intrigas, lo cierto es que el prelado de origen alemán renunció a un cargo que es otorgado solo por la gracia de Dios... y lo ha hecho en circunstancias muy especiales.

Y es que la versión oficial del mismo Benedicto XVI habla de un pontífice con un deteriorado estado de salud.

«Ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio de Pedro», dijo Su Santidad en su anuncio urbi et orbi leído desde Roma el lunes 10 de febrero.

Sin embargo, en los pasillos del Vaticano, las voces hablan de otras razones más profundas y oscuras.

Hay quienes dicen, por ejemplo, que el Papa alcanzó un grado de depresión tal,  que le es imposible continuar con su labor pastoral.

Las causas podrían ser desde la pérdida exponencial de fieles en todo el mundo, hasta la corrupción al interior de la Iglesia Católica que él mismo testificó e intentó combatir.

Quizá el capítulo final fue el escándalo “Vaticanleaks” desatado tras el robo y filtración de documentos reservados del Papa, y revelados por su mayordomo Paolo Gabriele. 

Otros más afirman que el espíritu reformador del pontífice alemán fue minado al enfrentarse con milenarias resistencias que se negaron a inyectarle oxígeno a la Santa Iglesia.

Pero sin duda un factor que cada vez resuena con mayor fuerza son las intrigas, las grillas vaticanas que lo desafiaron en la lucha por el control del poder.

Intrigas de sacerdotes de la alta jerarquía católica que, previendo un fin del papado, habrían empezado a mover sus influencias para apoderarse de la Basílica de San Pedro.

No por nada L’Osservatore Romano ha dicho que Ratzinger es: ”Un pastor rodeado por lobos”.

Resistencias al cambio
Por Félix Arredondo

Por más que pudiera sonar raro, precisamente por la edad, resulta que Benedicto XVI es un innovador, al menos en el campo de la teología.

Quien lea con detenimiento sus escritos pudiera sorprenderse. 

Joseph Ratzinger siempre ha sido un pensador insatisfecho. Un intelectual que durante toda su vida y también a sus 86 años, a pesar de su cansancio, podría seguir proponiendo cambios que escandalizarían a cualquier teólogo conservador. 

La inexistencia del “limbo”, por ejemplo, es una de esas definiciones que pudo haber provocado el enojo de “fundamentalistas”, que vieron impropio que el Papa negara su existencia y conspiraron para provocar su renuncia. 

Es posible que a muchos católicos les suene ridículo. Por muchos años existió la creencia de un lugar especial, además del infierno y el cielo, al que iban los “no bautizados” a pesar de que su vida hubiese sido ejemplar. 

Ellos no cabían en el Reino de los Cielos. Eran almas que no sufrían, pero tampoco gozaban de la presencia de Dios, por el puro hecho de no haber sido bautizados. 

Fue en 2007, ya siendo Papa Benedicto XVI, que la Comisión Teológica Internacional, que presidió el cardenal Ratzinger, determinó que el “limbo no es una verdad dogmática”. 

La propuesta de una gran reforma litúrgica de Ratzinger tendrá que esperar para ver si el nuevo Papa la impulsa.

Renuncia por motivos de vejez
Por Félix Arredondo

Llegar a los 86 años en plenitud de capacidades tanto físicas como mentales, es todavía más difícil de lograr, aún y cuando se tenga, “el favor de Dios”.

Después de los 80 años, si no es que un poco antes, lo normal es que el ser humano padezca un sinnúmero de afecciones y dolencias, con independencia de que día con día se sienta más cansado y pueda hacer menos cosas.

¿Debiera resultar increíble que un hombre de 86 años de edad, diga que ha llegado a la certeza que por su edad avanzada ya no tiene fuerzas para ejercer adecuadamente su cargo, por el puro hecho de que se trata del Papa? 

Ya lo había advertido: “Se puede renunciar en un momento de paz con un simple no puedo más”, desde el 2010.  

El hecho que en casi seis siglos, desde Gregorio XII en 1415,  ningún Papa había renunciado a la Sede de San Pedro, pareciera que obligaría a éste y a todos los Papas, a morirse siéndolo.

Incidentes médicos 

Según una nota publicada por la Agencia AP en diciembre del 2011, la gente que pasaba más  tiempo con Ratzinger lo observaba mucho más débil, muy cansado para poner atención en lo que decían sus asesores. 

Para entonces ya había cancelado las visitas individuales de los obispos, y en las últimas semanas de noviembre del 2010 empezó a utilizar una plataforma móvil para llegar al lugar en donde oficia misa en la Basílica de San Pedro, trayecto de 100 metros que antes hacía caminando.  

Ante las preguntas de la prensa cuando el Papa empezó a utilizar la plataforma móvil para desplazarse, su vocero Federico Lombardi aseguró que no había una prescripción médica y solo querían evitar el cansancio del pontífice. 

Cuando la prensa cuestionaba al reverendo Joseph Fessio sobre la salud de Ratzinger, él contestaba que de pronto se veía sumamente débil, cansando, pálido y con voz apagada y frágil. Sin embargo, después de un descanso, se mostraba vigoroso y animado.

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