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Natural Born Killers

Siempre ha existido una extraña, casi perversa correlación entre los medios de comunicación y la maldad humana. Esa peculiar forma de mostrar, incluso ensalzar la miserable vida y diabólica obra de toda clase de inadaptados sociales, es especialidad de muchas casas editoriales, señales de TV y sitios de Internet.

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Algunos especialistas apuntan hacia los medios de comunicación, especialmente la TV, cuando se busca un gatillo que detone el instinto asesino en una persona.

Otros expertos aseguran que la TV y su infinidad de propuestas con contenidos “agresivos” no son más que un reforzador de conductas adquiridas en el seno familiar.

Y es que no hace falta grabar que se desenfunda un arma y se dispare contra alguien para que ese acto resulte agresivo.

Hoy en día la TV norteamericana se encuentra repleta de propuestas donde la agresión degenera en formas distintas.

El sentido aspiracional de la mayoría de los reality shows carga con una alta dosis de rechazo a todo aquel o aquella que no guarda el estereotipo de belleza que impera en la cultura de los medios masivos. 

Sólo existe aire y rating para los ganadores, para las bellas y para los guapos. La fama es un club privado al que solo acceden cierto tipo de personas. 

Lo mismo sucede en redes sociales. Existe una especie de “social media bullying” que somete a todo el que no tiene cierta cantidad de amigos en Facebook o seguidores en Twitter, o que sus comentarios no resultan “populares”.

Para un ser humano con sentido común formado o en trámite de realizarse, lo anterior puede parecer motivo de risa. Pero para un inadaptado que carga con una historia de maltrato, nula autoestima y olvido por parte de su familia, las características mencionadas pueden ser factor para desatar a la bestia dormida en las entrañas de su mente.  

Hoy la cultura del “loser” que no tiene cabida en la sociedad de los “famosos” cobra más vida que nunca.

“Natural Born Killers” se estrenó el verano de 1994 bajo la dirección de Oliver Stone, con argumento de Quentin Tarantino, actuaciones de Woody Harrelson y Juliette Lewis. La película fue inspirada en la historia de Charles Starkweather y Caril Ann Fugate pareja que asesinó a 11 personas entre Nebraska y Wyoming a finales de los años 50.

El cineasta neoyorkino describió la forma en que los medios de comunicación ensalzan a psicópatas asesinos, convirtiéndolos en una celebridad. 

Hace 20 años la cinta causó conmoción y severas críticas por el uso excesivo de violencia gráfica en sus contenidos. 

Hoy, la película de Stone puede pasar por una experiencia ramplona si se compara con lo que vemos, escuchamos y leemos sobre la masacre en Newtown, en Connecticut, acontecida la semana pasada. 

Adam Lanza, el sujeto de 20 años que en su casa mató a su madre de un tiro en la cabeza, después se trasladó a la primaria Sandy Hook disparó contra 26 personas, entre ellas 20 niños y luego se suicidó, probablemente sea un cruel reflejo del “loser asesino”.   

Quizá no sea así, nunca lo sabremos. 

Lo único que tenemos ahora es el futuro incierto de la nación más poderosa del mundo, que se muestra angustiosamente vulnerable, ante el debate entre su ADN social basado en una anacrónica segunda enmienda constitucional y continuar padeciendo el dolor indescriptible de 26 familias que ruegan resignación ante los crímenes imperdonables que cometen asesinos por naturaleza.

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