Una de las duplas políticas más antiguas y poderosas en México es la que integran Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, o Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones. Como mejor les acomode.
Desde que sus caminos se cruzaron en el sexenio de Miguel de la Madrid, ambos fueron tejiendo una red de conexiones, intereses y complicidades difíciles de superar.
Su efectividad en la operación política los convirtió en los siameses priistas más consultados, respetados y temidos por la clase política mexicana.
Se curtieron en la escuela de la mano dura de don Fernando Gutiérrez Barrios y acumulan millas de clase premier lo mismo en Los Pinos, Gobernación, Comunicaciones, el Seguro Social, la Lotería Nacional y la gubernatura de Sonora, que en el PRI, la CNOP o como jefes de campañas presidenciales.
Sobrevivieron sexenio tras sexenio. A De la Madrid, a Salinas, a Zedillo, a Fox y a Calderón. Al asesinato de Colosio, a la confrontación con el salinato, al Pemexgate y al choque con Elba Esther. Siempre más influyentes, siempre más sofisticados.
Y mientras los ex presidentes viven entre altas y bajas, “Los Compadritos” –como se les conoce en la clase política tricolor– van perfeccionando un estilo muy peculiar de influir, de legislar, de hacerse necesarios y de estar siempre del lado ganador.
Su receta es simple. Nunca operan los dos en el mismo lado. Sus apoyos políticos se contraponen para que, al final del día, el triunfo del uno sea la protección del otro.
Y si desde sus jefaturas en las cámaras de Diputados y Senadores se convirtieron este sexenio en dos vicepresidentes de facto, el enroque que negociaron les prolongará su cogobierno durante un sexenio más. Aunque ahora –si el Trife lo confirma– con presidente priista.
Por eso los ojos de la clase política nacional están puestos en el futuro que le espera a la dupla Beltrones-Gamboa.
La lógica dice que Manlio Fabio, quien fuera jefe de la bancada priista en el Senado, tendrá la misma posición, pero en la Cámara de Diputados.
Sería el mínimo respeto político que Enrique Peña Nieto tendría que mostrar a quien se hizo a un lado para no disputarle una candidatura que terminó en unidad.
En el caso de Gamboa, la lógica también dice que quien fuera jefe de los priistas en la Cámara de Diputados va a encabezar ahora a los senadores.
Pero el forcejeo está fuerte entre los priistas. Sobre todo porque los peñanietistas de cepa sienten que en las condiciones del gobierno que viene, esa dupla acumularía un excesivo y amenazante poder.
Por eso están proponiendo que solo uno de los dos se haga cargo de una de las bancadas. Y que el otro vaya a ocupar algún cargo en el gabinete.
Y esos reflectores ya apuntan a Emilio Gamboa con la posibilidad de ocupar de nuevo la estratégica Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Sobre todo cuando las telecomunicaciones están paralizadas por una maraña de intereses que no permiten que fluyan los niveles de inversión necesarios para modernizar el sector.
Sentar en la misma mesa a Slim, Azcárraga, Salinas Pliego, Gil Díaz, Vargas, Aguirre y Vázquez Raña, entre otros, exige mucho tacto, mucho oficio. El sexenio actual fue incapaz.
La apuesta de los peñanietistas es que Gamboa –que los conoce a todos, que opera con y para todos– pueda destrabar el atorón digital en el que está atrapado México.
Sea como fuere, la dupla de “Los Compadritos” promete estar –en el nuevo Congreso o en el nuevo gabinete– más vigente que nunca. Aún como experiencia, aún como equilibrio, aún como factótum.








