#Justicia

Los secretos de Puente Grande

Mientras estaba en la cárcel por delitos ‘políticos’, el periodista Jesús Lemus habló con criminales que han cambiado la historia del país. Estas conversaciones hoy están en su libro ‘Los Malditos’, del que hoy habla en Reporte Indigo

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comentarios
"Nosotros los enterramos. Nosotros llegamos como sociedad hasta donde comienza la historia de ellos en la cárcel”
"Espero que este libro sirva para voltear los ojos hacia las cárceles. Estamos creando centros de exterminio”
"Lo que yo quería era sacar una fotografía de cada uno de estos presos. No tenía cámara pero tenía forma de narrarlo y escribirlo”
Jesús Lemus
periodista

Jesús Lemus, periodista de Guanajuato, permaneció preso en el Penal de Puente Grande, Jalisco, condenado por delitos políticos. 

Reporte Indigo lo entrevistó a propósito de la publicación de su libro “Los Malditos”, en el cual aparecen conversaciones con varias “celebridades criminales” que se encuentran recluidas en el penal de máxima seguridad. 

“El Mochaorejas”, el “Duby” –el narcosatánico– Alfredo Beltrán Leyva, el “Mochomo”, Mario Aburto, Daniel Aguilar Treviño –asesino de Ruiz Massieu– Ovidio Sanchez Limón, lugarteniente de “El Lazca”, y el “Gato”, cómplice de Joaquín “El Chapo” Guzmán, entre otros, hablaron en exclusiva para Lemus. 

Estas conversaciones fueron reproducidas en “Los Malditos”, un libro que da a conocer algo más que los retratos hablados de la personalidad de sus entrevistados, de sus creencias y de lo que dicen.

Lemus, a través “Los Malditos”, que ya circula bajo el sello de la editorial Grijalbo, también nos hace voltear a ver cómo se violan cotidiana y sistemáticamente los derechos humanos en las cárceles mexicanas, sobre todo en los penales de máxima seguridad. 

Y cómo cualquiera puede ir a dar a ahí, trátese de un general de alto rango, o de un modesto periodista, si sus expresiones molestan al presidente de la República, o a sus amigos. 

Ni una disculpa

Hoy, Jesús Lemus está libre. Lo absolvieron en segunda instancia después de haber pasado más de tres años en prisión. 

Nunca se demostró culpa alguna, salvo la de molestar con sus críticas a políticos locales amigos del entonces presidente, Felipe Calderón. 

Cuando Lemus salió, ni una disculpa recibió. 

“Un día me mandan llamar al juzgado y me dicen que tengo la notificación de libertad”, dice Lemus en entrevista exclusiva para Reporte Indigo.

Y así como así, me dicen: ‘¿Es usted éste?’ y les digo que sí. Me dicen: ‘entonces está usted libre porque llegó la apelación que dice que no hay ninguna responsabilidad y que se le decreta su libertad en forma inmediata’. 

“Entonces le pregunto: ¿Cómo así nada más? ¿Ya me voy o qué? Y les digo: ¿Ni un disculpe, ni nada nada? –en tono de broma. Yo estaba contento–. Y me responde la notificadora que no, que eso no viene en ningún lado. ‘Eso de disculpe usted es una falacia’, me dice.

“Todo lo perdí pero me quedé con lo más importante: con mi esposa y con mi hija. Lo pude conservar y siempre se mantuvieron al lado mío. Y pienso que eso fue también lo que me ayudó mucho a sobrevivir a la cárcel.

“Cuando salí, traté de reincorporarme a mi vida, pero encontré que no tengo nada. Que tengo deudas y que tengo mil problemas económicos, y que no tengo trabajo.

“Me doy cuenta que tengo padecimientos de salud física y emocional. Y comienzo a luchar, pero entonces yo vuelvo a sentir la fuerza de la cárcel, otra vez.

“El peso y el estigma de la cárcel lo siento. Hasta la fecha lo sigo sosteniendo porque he buscado dónde incorporarme, pero ya no hay forma de revertir el daño que se me hizo en los medios, cuando yo caí la cárcel, cuando yo fui señalado por el Ministerio Público falsamente y por periodistas también”.

Víctima de Felipe Calderón

¿Quién es Jesús Lemus? ¿Por qué fue encarcelado?

Primero, debo de comentarle que yo he ejercido el periodismo en la zona de Michoacán, del bajío michoacano. Llevó unos 20 años trabajando para medios de información impresos en el estado de Michoacán. Modestos algunos, otros más o menos. Y un día, bueno como es natural e inherente en hombre, quise tener mi propio periódico.

Me endeudo. Compro escasamente algunas cositas por ahí y empiezo a hacer un diario en la región de la Piedad, Michoacán, y comienzo a hacer señalamientos -en ese tiempo muy de moda- a la política panista neoliberal. 

Entonces, pienso: mis comentarios lastiman demasiado a algunas gentes que se manejan en las esferas políticas del poder a nivel local, estatal, y pienso que a lo mejor hasta nacional. No por el impacto de la influencia del periódico ¿no? sino simplemente porque estaba trastocando intereses de amistades de amigos que estaban muy arriba.

Y eso es lo que hace que un día yo me vea de repente detenido por un policía, que era mi fuente informativa, y ese policía es el que se convierte en mi principal acusador. Dice que yo soy un narcotraficante, y que pertenezco a una célula criminal de Michoacán.

Yo fui detenido el día 8 de mayo de 2008. El presidente era Felipe Calderón”.

Un reo 'peligroso'

Jesús Lemus cuenta: El proceso inicia como un “levantón”. Me mantienen privado de libertad y más de dos días secuestrado y torturado. Luego aparezco ante un Ministerio Público de fuero común de Guanajuato, que es el que me toma la declaración. No del fuero Federal.

La violación a los derechos humanos dentro de mi proceso fue desde el primer momento en que me detiene una persona sin haber flagrancia del delito, sin haber una orden de aprehensión de por medio. 

Después ellos son los que me consignan ante un Ministerio Público Federal, y este a su vez, ante un juez Federal, y yo aparezco en la cárcel estatal de Guanajuato, en Puentecillas, acusado de delitos de narcotráfico y delincuencia organizada.

Mis enemigos, no conformes con haber influido para mi detención, me señalan como un delincuente de altísima peligrosidad.

Para clasificarme así, se ordenó un estudio criminológico que me hizo una persona de la cárcel de Guanajuato, y que se fundó en dos preguntas: ‘cómo te llamas’ y ‘qué edad tienes’ y con eso ya determinó que yo era un reo de altísima peligrosidad. 

Eso le bastó al juez para clasificarme como una persona de alta peligrosidad y mandarme a Puente Grande.

Torturas clásicas 

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