El candidato perdedor decidió dar pelea e inició un conflicto postelectoral. Acusó a Duarte de actos anticipados de campaña y de recibir apoyo por parte de su antecesor. No consiguió rebatir los resultados. Además, culpó a Fidel Herrera de recibir financiamiento ilícito por parte del empresario Francisco Colorado, presuntamente relacionado con el narcotráfico.
Llegó Javier Duarte y tomó el poder. La salida de Fidel y el inicio de su gobierno supuso la quiebra del estado político veracruzano. Duarte decidió crear un gobierno de coalición nacional.
Con gente de todos los partidos conformó su gobierno: Gerardo Buganza, expanista en la Secretaría de Gobierno; Erik Porres, panista, en la Secretaría de Desarrollo Económico; Tomás Ruiz, quien fuera presidente del Partido Nueva Alianza en la Secretaría de Finanzas y Planeación.
La fuerza de Yunes quedó enterrada. Duarte supo manejar la situación y evitó, además, tenerlo de enemigo.
Veracruz se consolidó como un estado fuerte. Por ello, los hechos que allí han sucedido, sobre todo lo que a asesinatos de periodistas y presencia del narcotráfico se re ere, ponen en juego la estabilidad en un estado que pareciera haber decidido ya su voto a favor del PRI.
Según datos ofrecidos por la encuestadora Buendía & Laredo, hasta el día de ayer, la preferencia efectiva de los veracruzanos respecto al PRI asciende a 45 por ciento, 13 puntos más que la intención de voto por la candidata panista y 22 puntos de ventaja sobre AMLO.
Sin duda, quien esté detrás de los asesinatos sabe que ningún gobernador, por muy buen trabajo que haya realizado, puede con el peso del miedo de la gente.
Pero en México todo puede pasar. Quizá ahora los días de violencia y muerte acaben, no olvidemos que el gobierno de Javier Duarte ha recibido y agradecido la ayuda y la estrategia planteada por el Comandante en Jefe, respecto a la lucha contra el crimen organizado. Tal vez de pronto vuelva la paz.









