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Lorenzo Pilatos

Los consejeros electorales, con Lorenzo Córdoba al frente, ya disfrutan en traje de baño de sus nada merecidas vacaciones, mientras la papa caliente que crearon, se intentará enfriar en el Tribunal Electoral

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Lorenzo Córdoba trae una pesada cruz a cuestas: la de convertirse en el sepulturero de Instituto Nacional Electoral (INE).

El muy desaseado manejo postelectoral de los casos de Coahuila y el Estado de México solo viene a reflejar que al actual presidente del INE le quedaron muy grandes los zapatos de José Woldenberg e incluso los de Luis Carlos Ugalde.

Porque la figura final que se fijó el martes en el inconsciente colectivo nacional fue que los consejeros del INE se fueron a vacacionar sin resolver las denuncias de excesos de gastos en los topes de campaña, en concreto del disputado estado de Coahuila.

Será al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación al que le corresponda decidir si los excesivos gastos reportados en la contienda coahuilense justifican la anulación de la elección, en la que se alzó victorioso el priista Miguel Riquelme.

El asunto no radica en la decisión final sobre la anulación, sino en todo el manoseo de dictámenes que Lorenzo Córdova y los consejeros hicieron sobre lo que debía o no considerarse gasto de campaña.

Y el presidente del INE acabó atrapado entre las exigencias muy entendibles, pero al final del día muy particulares y personales, de los dirigentes del PAN y del PRI que buscaban sacar adelante su postura.

Para el panista Ricardo Anaya, cuyo partido dio un pobre espectáculo con el cuarto lugar en el Estado de México, la anulación de la elección de Coahuila es vital para consolidar sus aspiraciones a convertirse en el indiscutible candidato del PAN en 2018.

Anulada la elección, aunque la nueva contienda ya no fuera en sus tiempos de presidente, le daría a Anaya el handicap necesario, con los excelentes resultados obtenidos en los procesos electorales del 2016, para adueñarse de la candidatura.

Para el priista Enrique Ochoa, quien -haiga sido como haiga sido- acabó rindiendo buenas cuentas en el Estado de México, la ratificación del triunfo de su partido en Coahuila le daría más que suficiente espacio para maniobrar en la ya inminente asamblea general del PRI del 12 de agosto.

Sin duda Lorenzo Córdova fue incapaz de aislarse de las presiones y acabó como Pilatos,en lo que ya se vislumbra como uno de los más debatidos  fallos electorales desde que se crearon las nuevas estructuras calificadoras de las elecciones en México.

Tan censurable fue la conducta de los consejeros del INE  que incluso el icónico Cuauhtémoc Cárdenas, un hombre nada afecto al conflicto, salió a solicitar la remoción y renovación de los cuadros del INE. No lucen confiables frente a la disputa electoral que se avecina en 2018.

Y hay que admitirlo, el Ingeniero no es priista ni panista, y podría guardar sensato silencio. Pero estadista como lo es, se preocupa porque sabe que dejar pasar tan pésimo antecedente es un muy mal augurio en un instituto que tanto costó crear y fortalecer.

Los consejeros electorales, con Lorenzo Córdoba al frente, ya disfrutan en traje de baño de sus nada merecidas vacaciones, mientras la papa caliente que crearon, se intentará enfriar en el Tribunal Electoral.  

 
 

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