¿Qué tienen en común las cuatro mexicanas que ganaron esta semana dos platas y un bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012?
Sí, son del disciplinado y nunca débil sexo femenino. Claro, son jóvenes. Y por supuesto, tienen mucho corazón.
Pero al margen de estos ponderables, las arqueras Aída Román y Mariana Avitia, así como las clavadistas Paola Espinosa y Alejandra Orozco, tiene un singular común denominador.
Las cuatro fueron guiadas hasta la cúspide del deporte mundial por entrenadores extranjeros. Orientales, para ser más precisos.
Lee Wong y Zhang Zheng, coreano y chino, fueron los entrenadores de las arqueras mexicanas que hicieron el 2-3 en Londres. Ma Jin, china, es la entrenadora que ayudó a las clavadistas a perfeccionar su técnica.
Unos 25 entrenadores orientales han llegado desde el 2003, de la mano del chino Wan Hui Quian, para perfeccionar el deporte en nuestro país.
Desde que el Comité Olímpico Mexicano les encomendó distintas disciplinas, pronosticaron que para estas fechas estaríamos conquistando medallas en arquería, clavados e incluso levantamiento de pesas femenil. No fallaron.
Los entrenadores extranjeros cumplieron con creces sus promesas. Los mexicanos estamos orgullos de las cuatro mexicanas que le dieron honor y gloria al deporte nacional.
Pero detrás de ese orgullo está una clara lección. Con disciplina, con técnica, con tesón, con pasión, los mexicanos podemos destacar con clase mundial.
El síndrome del “ya merito” es una condición mental que nos autoimponemos para justificar que no existió la suficiente preparación o la técnica adecuada para ser finalistas en lo que nos proponemos.
Cualquiera que vio el martes la final de clavados o ayer jueves la de arquería se dio cuenta de que no fueron una mera cuestión de suerte. Las mexicanas fueron consistentemente buenas en lo que hicieron.
Y al lado de ellas sus entrenadores extranjeros, sonrientes, confiados, alentando, perfeccionando. Haciendo la tarea que le corresponde al maestro, al guía.
¿No podríamos exportar estas técnicas extranjeras a otros terrenos como el de la política, las finanzas o los negocios?
Si existieran unas Olimpiadas de la Política Mundial, ¿en qué seríamos ejemplo mundial o medalla de oro? Por supuesto que no en eficiencia, no en transparencia, no en democracia, tampoco en resultados.
Sin duda acapararíamos uno de los sitios privilegiados en corrupción, en políticas públicas pobres, en uso ineficiente del tiempo y ni qué decir en ausencia del Estado de Derecho.
Tampoco alcanzaríamos medallas en las Olimpiadas de los Negocios y las Finanzas. ¿Existe alguna marca mexicana como Apple, Samsung, Sony o LG que conquiste los mercados internacionales?
Curioso que en este terreno seamos campeones mundiales de la maquila, en automóviles o en televisores. Pero siempre trabajándole a un tercero extranjero, con su marca, para que sean ellos los que conquisten el mundo.
Pero eso sí, presumimos el campeonato mundial de monopolios, públicos y privados. Y somos dueños del oro indiscutible con El Hombre Más Rico del Mundo. ¿En qué compitió? ¿Contra quién compitió? ¿Nos sentimos orgullosos de esa presea?
Por eso hay que voltear a ver a Aída, Mariana, Paola y Alejandra. Para vernos en el espejo de lo que sí es posible, si definimos en qué somos buenos y conseguimos a los mejores de clase mundial para que nos entrenen.
Qué bueno confirmar que los mexicanos poseemos los talentos para calificar entre los mejores en el mundo.
Qué pena que en otros terrrenos como los de la política, los negocios y las finanzas todavía estemos a años luz de superar una clasificación en la primera ronda.
¿Importamos entrenadores?









