#Puntossobrelasíes

Ecos desde la Lacandona

Es necesario que uno sepa que no puede equivocarse en el primer frente, que es la lucha contra la pobreza, ni tampoco en uno que es simultáneamente parecido y tiene relación con el éxito o el fracaso del gobierno: la reforma fiscal que viene a continuación.
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Todos lo saben o, al menos, deberíamos saberlo. Leer, desde Washington, las declaraciones de Enrique Peña Nieto en la Unidad Deportiva del municipio de Las Margaritas, en Chiapas, rememorando el pasado inmediato de 1994 en la historia reciente de México y planteando el inicio de su cruzada contra la pobreza, produce un gran shock. 

Más si se reciben desde los ecos, la aglomeración y el frío que te corta y se te mete en el cuerpo en la capital de Estados Unidos, justo después de oír a Barack Obama dibujar cómo entiende el mundo y cómo intentará que sea su segundo mandato. 

Estos ecos desde la Lacandona me hicieron pensar en varias cosas. Por un lado, qué bueno que el presidente Peña Nieto se haya decidido, junto con su gabinete, a lanzar una ofensiva frontal contra lo que hará viable o inviable el futuro inmediato de México: la brecha social. 

Por otra parte, me avergüenza ver el hambre, la pobreza, y formar parte de un país que tiene a más de 30 millones de sus ciudadanos en condición de pobreza extrema. Si no conseguimos superar este asunto, México es social y políticamente insostenible. 

Una vez dicho esto vienen los considerandos: uno, me pregunto si no ha pasado nada en México desde 1994, cuando Carlos Salinas se hizo esa serie de fotografías, rodeado de los indios de San Juan Chamula, que te reciben cuando llegas a su despacho. 

Dos, tengo la impresión de que, por seguir el modelo de Lula Da Silva, los estrategas de Peña Nieto no ven que están dándole oxígeno al subcomandante Marcos, al EZLN y a todo lo que, en el fondo, no digo que haya que desatender, pero sí considero que hay que integrar. 

Al inicio de la Cruzada Nacional Contra el Hambre asistieron ayer los otros gobernadores y alcaldes –los jefes políticos de la ruta de la pobreza, la marginación y el hambre de México–. Estuvo presente también la posibilidad, a través de la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, de saber qué izquierda es posible en este momento, porque haga quien haga el milagro –la derecha, el centro o la izquierda–, es imperante que se atienda y se rompa la brecha social. Y continuó sucediendo algo muy importante: al igual que ocurre con el pacto, todos los actos son, hasta este momento, primero acción y luego propaganda. 

El problema está en que, como vimos el día que comenzó el sexenio de Peña, la situación es peligrosa: hay muchas armas, armas sociales, de fuego, de odio, armas de las guerras pendientes por las calles, y es necesario que uno sepa que no puede equivocarse en el primer frente, que es la lucha contra la pobreza, ni tampoco en uno que es simultáneamente parecido y tiene relación con el éxito o el fracaso del gobierno: la reforma fiscal que viene a continuación. 

Estos ecos de la Selva Lacandona aquí en Washington me llevan a una reflexión: ojalá que haber usado los símbolos del comienzo del declive y del cambio político más importante del México contemporáneo, es decir, Chiapas, los zapatistas, la pobreza y los indígenas sea nada más que la muestra de la superación definitiva de este país es posible porque la situación jamás volverá a ser la misma. 

Mientras tanto, quiero recordar a las mentes de quienes nos gobiernan un detalle: la guerrilla urbana y el levantamiento armado frente a las desigualdades sociales no son fenómenos del subdesarrollo económico, son hechos que, sobre todo, se producen durante el desarrollo económico. 

México es uno de los países que más crecerá en el inmediato futuro. Espero que el mundo que Barack Obama nos desea, y que dice que hará, nos permita superar todos nuestros problemas, empezando por los de la pobreza, el hambre,  y la desigualdad social. Deseo que todo esto lo hagamos desde la grandeza de la igualdad y no desde la simulación de la dependencia.  

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