#Puntossobrelasíes

De repente, la política

Es fundamental que el gobierno y los poderes aprendamos de nuestro ayer. Y nuestro pasado nos indica que el problema no estuvo en lo que se hizo, sino sobre todo, en cómo se hizo.
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No hay que equivocarse: lo malo no es combatir a los malos. Pelear contra los delincuentes es la obligación de cualquier gobernante. El problema fue que durante seis años hubo un discurso monocorde y enfrascado en la inseguridad del país.  

La seguridad, en este momento, ha desaparecido del diálogo político nacional. Mientras Genaro García Luna se reconcilia con el mundo recibiendo el sol en Miami, es importante saber si habrá, o no, una planificación política sobre este tema.  

La seguridad nunca estará donde estuvo en el sexenio anterior: en primero, segundo y tercer lugar del pódium mexicano. Sin embargo, seguimos muriéndonos, siguen secuestrándonos, las drogas siguen vendiéndose y las fosas comunes siguen apareciendo, aunque con menor frecuencia. 

Siempre pensé que uno de los mayores problemas de México no era el número de muertos, sino que la inseguridad dominara la agenda nacional. Ahora observo que, desaparecida la Secretaría de Seguridad Pública, y llevado a un profesional de la misma a Gobernación, es importante no olvidar que aún, la seguridad es el tema político que más afecta en este momento al país. 

Si uno lo ve desde fuera, el reparto está claro. Hay un futuro prometedor, lleno de cheques y de desarrollo económico si se logra un buen gobierno, es decir: Uno, si se limitan los gastos de los estados y ayuntamientos; dos, si se toma todo lo que produzca el petróleo, se administra y se procesa con mayor eficacia; tres, si pagan más los que más ganan; cuatro, si la nueva coyuntura internacional nos impulsa y pasamos en el ranking de países importantes del puesto 17, al 7 o al 8. 

Todo eso es posible que pase. Pero dependerá de cómo vaya lo interno. Por ejemplo, que ya no puedan seguir llamándonos y amenazándonos por teléfono con que nos van a secuestrar, a matar o a lastimar. Por ejemplo, si, de verdad, nos convencemos que, por muy grande que sea la corrupción, por muchos que sean los tentáculos de los malos, los buenos pueden partirle la madre a aquellos que no actúen como deben, especialmente si son policías. En ese sentido, el entendimiento Mondragón y Gobernación pasa a ser claro y fundamental. 

Que la seguridad no lo llene todo no significa que no forme parte de la agenda, aunque debe traducirse en su total supeditación a la acción política. ¿Está ocurriendo así? Es pregunta porque, en cualquier caso, mientras se producen los reacomodos y nos acostumbramos a vivir en la nueva situación, todos los días se dan cambios cualitativos que, dependiendo de dónde se sitúen, darán un resultado u otro. 

O lo que es lo mismo, ¿qué pasaría si en este momento tuviéramos una situación en la que la policía volviera –en medio de los desaparecidos, de los nuevos tratamientos a los pueblos indígenas, del nuevo sistema de administración penal federal– a tener la oportunidad de tener su propia agenda, aunque ya no fuera posible otro Genaro?

Es fundamental que el gobierno y los poderes aprendamos de nuestro ayer. Y nuestro pasado nos indica que el problema no estuvo en lo que se hizo, sino  sobre todo, en cómo se hizo. Y no me refiero únicamente a lo que, sin otro remedio, hay que empezar a plantear: a los desaparecidos, a los muertos, a la violación de derechos humanos. Me refiero a que toda política de seguridad esté basada en la recomendación de Washington como vértice de la relación del gobierno mexicano y estadounidense. Ya sucedió, fue un fracaso y, además, puede crear unas consecuencias terribles si no tiene control.

P.D. Se trabaja de manera intensa por el amparo del Pacto. Se están midiendo, de verdad, los tamaños de cada uno para mandar al Congreso y al Senado la propuesta de ley general de reestructuración de las telecomunicaciones y las televisoras. 

Ahora sí vamos a ver qué número calzamos.

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