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El otro mundo

Ahora, en la era del Internet donde el único Tratado de Libre Comercio global es Amazon y Oanda, la pregunta es: ¿acaso no es necesario inventar o crear cauces para obtener algo nuevo?

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En 1993 cuando Bill Clinton llegó a la presidencia y se encontró con el TLCAN, no es que el mundo fuera otro, sino que era radicalmente distinto al que tenemos ahora.

Tan distinto que el gran sueño del expresidente Carlos Salinas de Gortari para salir como campeón mundial de las libertades y el buen gobierno, era irse a dirigir la Organización Mundial del Comercio.

Eran tiempos en los que la globalización comercial, la internacionalización y la dolarización habían conformado un mundo predecible.

A partir de ahí la historia es conocida, la nuestra y la de ellos. El TLCAN fue rescatado in extremis por la Casa Blanca de Clinton y en ese momento todo empezó a cambiar para nosotros los mexicanos.

No sólo por la importancia del intercambio comercial que hemos tenido con Estados Unidos, sino por el establecimiento de una nueva manera de entender que somos parte del primer mundo, situación que nos permitió romper con las estructuras y despejar las mentes.

Ahora, en la era del Internet donde el único Tratado de Libre Comercio global es Amazon y Oanda, la pregunta es: ¿acaso no es necesario inventar o crear cauces para obtener algo nuevo?

Esta renegociación tendrá especificidades muy claras en los aranceles y en las características económicas y financieras de los acuerdos que se consoliden. Pero sobre todo será una negociación que se llevará a cabo a la luz del día con la participación de todos los ciudadanos, y eso es sin duda un cambio sustancial.

Y es que, antes los gobiernos y los expertos tenían la facultad y la capacidad de transmitir todo lo que estaban haciendo, sin embargo, ahora los procesos son tan públicos, tan abiertos y hay tal caudal de información circulando a disposición de todo el que la consulte, que cualquiera podríamos ser un experto sentado en la mesa de negociación del TLCAN.

Cuando empiece ese proceso quedará en evidencia una pregunta: ¿los países que estamos inmersos en el TLCAN ahora somos mejores o peores?

Porque en el fondo, los nuevos problemas que hay que enfrentar, el actual mapa de las energías, los nuevos derechos laborales y el intento del presidente Trump de poner a trabajar a su pueblo ignorando que éste no quiere hacerlo; son aspectos que configuran la apertura de una negociación en la que todos los que se sienten a la mesa no deben olvidar que estamos en la era del Internet.

Y eso quiere decir que el más grande tratado, el mercado de ideas más grande jamás existente ya es absolutamente ingobernable e inclasificable. Y este TLC nacerá al amparo de la libertad de información y de la opinión total, y es ahí donde radica el gran cambio que marca este siglo XXI.

 
 

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