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Calderón, Harvard, y las artes escénicas

Conforme se van dando los desenlaces de los casos que dejó pendientes, Calderón tendrá que reconsiderar para ser transferido como profesor invitado a la escuela de Artes Escénicas.
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Dicen que el expresidente Felipe Calderón ya está en Harvard como catedrático investigador en la escuela de Gobierno John F. Kennedy.

Pero conforme se van dando los desenlaces de los casos que dejó pendientes, el exmandatario tendrá que reconsiderar para ser transferido como profesor invitado a la escuela de Artes Escénicas.

Y es que esta misma semana podrían venirse abajo dos de los procesos judiciales insignia del gobierno calderonista: el de Florence Cassez y el del general Tomás Ángeles Dauahare.

Los dos casos son testimoniales más que notorios de un gobierno terco, obstinado y tozudo, que buscó siempre imponer su visión por encima del interés público.

Son dos ejemplos de hasta dónde está dispuesto un líder obstinado en defender los montajes mediáticos de un subalterno –Genaro García Luna– que en el mejor de los casos le secuestró el espíritu y lo convirtió en la biblia sangrienta de su gobierno.

El caso de Florence Cassez es de sobra conocido. Está más que probado que el secretario de Seguridad Pública fabricó un montaje televisivo para exhibir la captura de una banda de secuestradores.

Y al margen de que la francesa estuviera involucrada o no, el hecho de montar una escenografía televisiva, echa por tierra toda la credibilidad del caso.

Pero Calderón no quiso ver lo evidente. O mejor dicho, no le convenía verlo, porque darle la contra a su funcionario consentido podría costarle más caro. 

Y el presidente prefirió lavarle la cara a García Luna a expensas de un conflicto diplomático de alto nivel con Francia. Hoy podría darse la rectificación.

Hoy, una investigación de Reporte Indigo deja al descubierto que aquellos que se prestaron al montaje de Cassez, recibieron jugosas recompensas en contratos del gobierno calderonista.

El otro caso es el del general Tomás Ángeles Dauahare, también inscrito en los dominios de las intrigas del secretario de Seguridad Pública de Calderón.

Temeroso de que una vez más el prestigiado militar fuera considerado para ocupar la Secretaría de la Defensa, ahora  en el gobierno de Enrique Peña Nieto, se recurrió al recurso fácil de meter a escena a un testigo protegido.

De esos que García Luna fabricó en serie para casos tan espinosos como el de Martí, la comandante Lore, Cárdenas Palomino, con La Barbie, el mismo caso de Cassez y ni qué decir del atentado en Tres Marías.

Y unos días antes de que Peña Nieto definiera su gabinete, el general Ángeles y otros militares fueron inhabilitados al ser arraigados bajo presuntas vinculaciones con el narcotráfico, aportadas por “Jennifer”, cuyos testimonios la PGR ya anunció que no pueden sostenerse.

Genaro García Luna, el guionista del calderonismo, está contra la pared. Y su jefe, protector y cómplice, el ahora catedrático invitado de Harvard, también.

Los dos casos no deben de permanecer en la impunidad. Por más padrinos que tenga el exsecretario de la SSP, así sean hombres ricos y poderosos a los que benefició y protegió, el escarmiento es obligado.

Y en el muy triste caso de Felipe Calderón, el exmandatario que ahora se escuda en su hermana Luisa María para amenazar al nuevo gobierno con descarrilarle los acuerdos con el PAN, también se antoja un ajuste.

¿O qué van a decir en la escuela de Gobierno de Harvard sobre un profesor o investigador confeso de solapar los caprichos de un subalterno, que terminó siendo más poderoso que él?

La única salida es que lo transfieran de la escuela de Gobierno a Artes Escénicas. Ahí al menos sus guiones y su guionista tendrán algo que enseñar.

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