#Puntossobrelasíes

AMLO, “el loco”

Por eso en cualquier sociedad hay que escuchar las voces de aquellos a quienes los encumbrados llaman “locos”.
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“¡Otra vez Andrés Manuel!”, “¡Ahí viene el loco de López Obrador!”, “¡Es un necio que nunca está conforme con nada!”, “¡Quiere incendiar a México!”.

Esas suelen ser las expresiones más socorridas entre la clase política y empresarial de México cuando se refieren al líder de Morena y su resistencia para aprobar la reforma energética tal como se presenta hoy.

Una clase política y empresarial que ya no muestra diferencias, que borraron sus fronteras, que fusionaron sus intereses y que van juntos por la conquista del último tesoro nacional: los energéticos.

Sin embargo, dígase lo que se diga, a López Obrador le asiste por mérito propio no solo el derecho a opinar, sino de sentar agenda.

Primero, porque después del presidente Enrique Peña Nieto, es el mexicano que más votos recibió en la elección presidencial del 2012. Y con razón o sin ella, su voz es la de millones y millones de mexicanos. 

Segundo, y quizás la más importante, porque en su momento los pronósticos de López Obrador sobre las privatizaciones como la de Telmex, la de la Banca, los ferrocarriles, la minería y tantas otras, fueron más que  acertados. 

Aquello a lo que entonces se le llamaban “locuras” hoy son realidades. Ni tenemos un mejor y más barato sistema telefónico o de Internet, los servicios bancarios son más caros que en el resto del mundo y los ferrocarriles se estancaron.

Y el discurso oficial de cada privatización, fuera por un gobierno priista o por uno panista, era que no solo tendríamos mejores servicios, sino que con los excedentes combatiríamos la pobreza. Ya conocen las últimas cifras. Fueron mentiras.

Por eso en cualquier sociedad hay que escuchar las voces de aquellos a quienes los encumbrados llaman “locos”. 

Porque suele suceder que en esas mentes se esconde más claridad de la que existe en aquellos que se dicen cuerdos, pero cuyas mentes solo están regidas por lo abultado de sus chequeras.

La reforma energética es el último y más importante bastión de las finanzas nacionales. Insistimos en que por supuesto que es necesario modificar el ineficiente modelo actual. Pero hace falta más debate sobre el que vendría.

Pero eso no puede hacerse ignorando las palabras “corrupción” ni “sindicato petrolero”. Como tampoco se puede hacer atendiendo la colusión de intereses entre prominentes políticos nacionales y extranjeros.

Por la conformación legislativa, la reforma energética puede ya aprobarse tal como está. Con los votos solos del PRI y del PAN, va. Pero eso es un monumental riesgo. Un riesgo que solo asumirían aquellos que de verdad están locos.

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