El jefe de gobierno capitalino está en la médula del PRD y de paso, logró infiltrar a sus aliados en el PRI para desinflar el cacaraqueado “efecto Peña Nieto” en la capital.
El “efecto Peña” encontró en el Distrito Federal el “efecto Mancera” y de ahí no pasó.
Por eso es que la candidata del PRI en la capital, Beatriz Paredes Rangel, y los aspirantes a delegados y diputados locales del tricolor se quedaron esperando la cresta de la ola para treparse y colocarse en algunos espacios. Nunca llegó.
Que Beatriz Paredes representaba un riesgo para el PRD en la capital, fue sólo un mito. Que el efecto Peña les permitiría ganar las delegaciones Milpa Alta, Cuajimalpa, Iztapalapa y Cuauhtémoc, una mentira.
Tampoco se hizo realidad aquella batalla anunciada por Iztapalapa, en la que los hermanos Victor Hugo Círigo y René Arce Círigo, ahora desde las filas del PRI, les disputarían palmo a palmo aquel bastión perredista.
El propio candidato tricolor, Enrique Peña Nieto, ahora encumbrado por el próximo presidente de México durante los seis años venideros, pronto se dio cuenta que en la ciudad de México no había condiciones para entrar aún.
No, los priistas mismos se enfrascaron en una disputa interna que les impidió ver más allá de sus nombres. Beatriz Paredes, en franca confrontación con Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre --hijo del llamado “Zar de la basura”-- se empeñó en poner obstáculos.
Al líder de los pepenadores de basura del tiradero de Santa Catarina, quien a pesar de que es del PRI, se le relaciona con el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard Casaubón, quien le permite controlar parte del negocio de la pepena en Iztapalapa.
Precisamente Cuauhtémoc de la Torre y el diputado local, Cristian Vargas -mejor conocido como el “dipuhooligan”- protagonizaron memorables disputas en la sede local del PRI durante la renovación de la dirigencia y la selección de los abanderados tricolor en busca de la jefatura de gobierno.
Desde aquellas fechas, a finales de 2011, ambos personajes se encargaron de reventar con violencia aquellas sesiones para impedir que Beatriz Paredes fuera electa. Lo que sí consiguieron fue que Rosario Guerra, quien también participó en la contienda interna, abandonara el partido, luego de que fue golpeada.
Todos en el PRI-DF apostaron a que la “magia” de Peña Nieto los alcanzaría y los arrastraría en la ola victoriosa. Solo dejaron que el PRD ganara aún más terreno.
Crónica de una derrota
En una reunión en casa de quien fuera Subsecretaria de Estrategia y Difusión del CEN del PRI, Paloma Villaseñor, en la colonia Del Valle de la delegación Benito Juárez, se habló de cómo prepararse para el 1 de julio, de cómo hacer frente al PRD en la capital.
Como antaño, todos creyeron en el “milagro” de Peña y se rehusaron a armar una verdadera estrategia de competencia territorial y de promoción del voto a fin de que quienes se habían inscrito como candidatos a jefes delegacionales y diputados fueran conocidos por la ciudadanía.
En un intento por tener el control en el PRI del Distrito Federal y armar una verdadera estrategia rumbo a las elecciones, el entonces presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, nombró a Jesús Murillo Karam al frente de la dirigencia del priismo local.
Se habló de que el senador asumía el cargo para tomar decisiones “clave” que posicionarían a Peña Nieto y a Beatriz como punteros en la ciudad de México.
Muy pronto, Murillo Karam salió expulsado, asqueado de la irrupción violenta del líder de los pepenadores, Cuauhtémoc Gutierrez de la Torre, quien se oponía a apoyar a Beatriz Paredes.
Ya muy avanzado el tiempo de poner en marcha una estrategia seria para hacer frente al PRD en el DF, el coordinador de la campaña de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, reconoció en una reunión con priistas que la ciudad de México era tierra de nadie, que no podían hacer mucho con tan poco tiempo.
Y soltaron el DF. Hartos de los golpeteos de Gutiérrez de la Torre, a quien señalaron incluso de operar desde el PRI a favor del jefe de gobierno, quien le permitía seguir operando la pepena en Iztapalapa.
Fue Humberto Moreira quien cobijó a Cuauhtémoc Gutiérrez y “los tiempos se quemaron”, refiere hoy un militante que vivió el zafarrancho del PRI local, desde adentro, después de la apabullante derrota del tricolor en la capital.
Aún con el tiempo escaso, los hermanos Víctor Hugo Círigo y el senador René Arce Círigo, buscaron a Beatriz Paredes para proponerle un proceso de elección interna que permitiera al PRI posicionarse en la capital y atraer la atención de los medios.
El planteamiento de los ex perredistas, quienes hace tres años salieron del PRD luego de que López Obrador y Ebrard los acusaran de priistas, proponía que pusieran en práctica una competencia interna teniendo como candidatos a René Arce y Beatriz Paredes.
El dúo protagonizaría una serie de debates sobre la ciudad abordando temas vitales para la metrópoli.
El ganador de esa precampaña exprés que se pondría en práctica sería definido mediante una encuesta, lo que lo haría llegar más posicionado ante la gente y los medios.
Fue durante una cena en la casa de Beatriz Paredes. Ahí comentaron que Marcelo Ebrard estaba en la ruta de tratar de evitar que ella llegara como candidata del PRI, en su lugar quería a Cuauhtémoc a quien podría manipular.
La propuesta no se concretó. El grupo de Beatriz y por otro lado el de Cuauhtémoc Gutiérrez se arrebataron las candidaturas; dejando que la maquinaria perredista avanzara y se fortaleciera aún más en el Distrito Federal.
Todos reclamaban su derecho de antigüedad en el PRI. Pensaron que llegarían toneladas de dinero de la campaña federal a las campañas del Distrito Federal.









