Felipe Calderón no terminó de sorprender esta semana a la clase política. Primero con su discurso del adiós, ese informe improvisado en el que plantó su legado como presidente.
Pero eso apenas fue el preámbulo para la revelación que haría ese mismo día, pero en la noche, ante los periodistas que conducen Tercer Grado en Televisa: que no descarta a su esposa Margarita Zavala como presidenta de México para 2018.
De inmediato vinieron los flash backs, las remembranzas de 2004 y 2005, cuando el entonces presidente Vicente Fox, tripulado por las ambiciones de Marta Sahagún, promovió a la entonces primera dama como posible candidata presidencial para 2006.
Nada más distinto. Nada más distante.
Marta Sahagún necesitaba de Vicente Fox para culminar cualquier aspiración, por más absurda que pareciera.
Margarita Zavala no necesita de Felipe Calderón para consumar una carrera política muy respetable, con vida propia, que comenzó hace décadas y que bien podría coronarse en Los Pinos.
El fenómeno parecería más bien a la inversa. Será el presidente Felipe Calderón quien en sus días como ex necesite de la sombra de Margarita Zavala.
El respeto, la credibilidad y la gallardía política con la que siempre se ha conducido la primera dama durante el sexenio es un activo que amortiguó muchos conflictos hacia el interior de la casa presidencial.
Y ese efecto permanecerá en los peligrosos años de la salida de Felipe Calderón. Ésos en los que se hace indispensable un blindaje para resistir los embates de los adversarios y enemigos acumulados en el ejercicio de seis años de poder. O de no poder.
Nunca será lo mismo un Felipe Calderón en el ocaso de una carrera política, sin más destino que crear un Centro Calderón, que un Felipe Calderón que tiene la fortuna de que su esposa se convierta en influyente política con aspiraciones reales de ocupar de nuevo la residencia oficial de Los Pinos.
Cuestión de voltear a Estados Unidos para ver que Bill Clinton, a pesar de ser ya un ex, sigue siendo el más influyente. Y esa diferencia se llama Hillary Clinton.
No es lo mismo ser el ex que jamás volverá a ocupar la silla más poderosa del país, que ser el consorte de una mujer con influencia política propia, capaz de operar y articular lo mismo el Departamento de Estado que la casa presidencial.
Por eso Felipe Calderón está buscando dejar en claro en su “Farewell Tour”, en su muy anticipada “Gira del Adiós”, que la dinastía Calderón no será sepultada la mañana del primero de diciembre de 2012.
Y que aquellos que busquen la vendetta, la revancha o su sepultura final, será mejor que lo piensen dos veces.
Porque si Josefina Vázquez Mota logra remontar y ganar, la figura de Margarita Zavala crecerá y se cotizará muy alto. Se le cuidará y se le encaminará como futura jefa de Estado.
Pero aun sin que el PAN ganara, Margarita Zavala no podría dejar de ser influyente entre las mujeres azules, un factótum difícil de desdeñar.
Y no perdamos de vista que el 2018 está más cerca de lo que parece. ¿O que el estira y afloja de la victoria calderonista en 2006 no fue ayer? Analicemos.


