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Chavela Vargas: una vida a contracorriente

Este 5 de agosto el mundo cumple cinco años sin la voz de Chavela Vargas, una mujer que rompió paradigmas para encontrar su verdadera identidad

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“Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme... Mis dioses me hicieron así.”  
Chavela Vargas

Chavela Vargas, la dama de poncho rojo, vivió los 93 años de su vida a contracorriente, la cantante rompió las reglas y estereotipos de su época cuantas veces quiso; se consolidó como una de las grandes intérpretes de música ranchera porque siempre cantó lo que sentía sin importar nada más.

El nombre artístico de Isabel Vargas Lizano era en sí mismo un provocación, la cantante decidió darse a conocer al mundo como Chavela, con ‘v’ y no con ‘b’, nomás por joder, porque Chabelas ya había muchas, explicó la cantante en varias entrevistas.

Contrario a la figura tradicional del cantante ranchero, Chavela no cantaba acompañada de un gran grupo de mariachi. Guitarra en mano y una botella de tequila a los pies (a veces al revés) la cantante cimbraba los escenarios con sus desgarradoras interpretaciones de canciones populares.

Aunque Chavela se convirtió, al paso de los años, en uno de los máximos iconos de la música mexicana, su tierra natal se encuentra al sur del territorio nacional, exactamente, en San Joaquín de las Flores, Heredia, en Costa Rica, nación que la vio crecer hasta los 17 años.

El primer desamor en la vida de Chavela no vino de alguna de sus parejas, sino de sus propios padres, quienes tras el divorcio se desentendieron de ella y la dejaron al cuidado de unos tíos, fue tras esa etapa que ‘La Chamana’ fue diagnosticada con poliomelitis.

“No hay dolor igual en un ser humano que el que da la exclusión, el rechazo, el desamparo, sobre todo si ese ser humano es un menor de edad, una niña pequeña y sola como lo era yo”, así describió Chavela el abandonó sus padres en su libro de memorias.

Al llegar a México durante su juventud, la artista quedó fascinada de esas canciones que narraban derrotas, desamores y penurias similares a las que ella había atravesado. Sus primeros intentos en la música fueron desastrosos, incluso le recomendaron dejarla por falta de futuro en el negocio.

Pero todo cambió cuando Chavela dejó de lado los vestidos escotados y los zapatos de tacón, la mujer se puso pantalones de manta, una blusa sencilla que le cubría hasta el cuello, su inseparable poncho rojo y una pistola enbajó el cinturón.

“No sólo fue su apariencia la que saltaba las reglas establecidas, sino que musicalmente prescindió del mariachi, con lo que eliminó de las rancheras su carácter de fiesta y mostró al desudo se profunda desolación”, señaló alguna Carlos Mosivais, uno de sus grandes amigos.

Poco a poco, Chavela fue haciéndose de un nombre en la música mexicana, el cual llegó a oídos de José Alfredo Jiménez, un hombre que más que su mentor se convirtió en su amigo y confidente. Ya con el visto bueno de ‘El Rey’, la carrera de la artista comenzó a ascender.

A finales de los 50, Acapulco, la meca del turismo internacional, albergó a Chavela en la sala Champagne Room del restaurante La Perla, los turistas que asistían, entre ellos artistas de todo el mundo, quedaban fascinados con la mujer que cantaba desde el corazón y el fondo de una botella.

A lo largo de su carrera, Chavela formó amistad con Diego Rivera, Frida Kahlo, Picasso, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Agustín Lara, Alfonso Camín, Nicolás Guillén, Juan Carlos del Valle y Gabriel García Márquez, quienes llevaron el nombre y la música de la artista por el mundo.

Chavela tuvo serios problemas con el alcohol, lo que detuvo su carrera, sin embargo, España de la mano del cineasta Pedro Almodóvar y el cantante Joaquín Sabina (quien le dedicó la canción Por el bulevar de los sueños rotos), la cantante dejó la bebida para poder regresar a la música.

A lo largo de su carrera, Chavela fue señalada de “marimacha”, “machorra” y lesbiana, este último adjetivo nunca fue negado por la artista. “Para mí, es un orgullo llevar el nombre de lesbiana”, respondió alguna vez la artista al ser cuestionada por sus preferencias sexuales.

“Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme... Mis dioses me hicieron así.”     

 
 

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