Es mundialmente conocido que México es uno de los más importantes mercados de comercialización de cine en el mundo. En otras palabras (y muy a pesar de una arraigada cultura de la piratería imposible de ocultar), los mexicanos dejamos en idas al cine muchísimo dinero.
Y razones hay muchas. Una de las más destacadas es la enorme importancia que tiene el cine actual en la conformación de nuestra cultura pop, en el imaginario colectivo que nos permite entender chistes globales y generacionales, como hacer referencias a la cruda de The Hangover, el sufrimiento constante de la protagonista de Precious, frases de Rudo y Cursi o Y tu Mamá También o las bromas del más reciente Joker y anécdotas del Cochiloco.
En la década pasada fuimos testigos de una paulatina recuperación del cine mexicano en su intención de conectar con los espectadores mexicanos. No solo ha habido un constante crecimiento en la producción de cine nacional desde 2002 (olvidable año en el que tan solo se produjeron 14 filmes, mismo promedio de producciones nacionales anuales entre 1995 a 1999), y un notable repunte en la asistencia en buena parte motivado por la proliferación de complejos cinematográficos en todo el país (actualmente ya se contabilizan más de 4 mil 500 salas de cine en México).
También es importante considerar la importante función de entretenimiento y evasión que el cine cumple para cientos de miles de espectadores que encuentran en esas dos horas de ficción una necesaria desconexión de la realidad.
Es un hecho conocido y documentado que durante épocas de crisis (y también en tiempos de guerra), la asistencia al cine sube, al convertirse en una de las actividades lúdicas y de esparcimiento que la gente suele sacrificar al último a la hora de apretarse el cinturón.
Es imposible negar la importancia del ritual de ir al cine en nuestra sociedad. Si bien éste se ha modificado desde la forma en que nuestros padres o abuelos iban a ver películas a nuestros tiempos (hoy se impone la fiebre de lo digital y el 3D atrapando a millones de espectadores así como la saturación de historias basadas en novelas gráficas y cómics y la dominante presencia hollywoodense en la cartelera), era de sagas como El Señor de los Anillos, Crepúsculo, Harry Potter, Transformers o el impresionante fenómeno Avatar.
En un mundo tan globalizado e interconectado como el nuestro, resulta imposible permanecer ajeno a estos fenómenos mediáticos y sociales, de enorme y virulenta popularidad. Y si a eso sumamos la enorme cercanía e influencia que pesa sobre nuestra cartelera gracias a nuestro vecino del norte, podemos encontrar las respuestas a la significativa contribución mexicana a la taquilla mundial (para 2009, México aportaba 2 por ciento de la recaudación internacional, posicionándose como el décimo cuarto país de mejor taquilla en el mundo*).
Eso nos llevó a preguntarnos qué tanto sabemos de nuestros hábitos para ir al cine. ¿Dónde se ve más cine? ¿Qué meses y qué días de la semana preferimos? ¿De dónde viene el cine qué vemos? ¿En qué preferimos gastar nuestro dinero en idas al cine? ¿En qué zona del país van más al cine? ¿Cuántas salas hay? ¿Cuáles películas son las más vistas en televisión?
De la mano del Anuario Estadístico 2010 del Instituto mexicano de Cinematografía, en Piensa Índigo queremos compartirles algunas de las cifras y datos más interesantes que reflejan el estado, interés y dinámica del espectador mexicano en el cine.
*Fuente: The Wall Street Journal.
Comparativos:
Asistencia a salas de cine en 2009: 178 millones.
Asistencia a salas de cine en 2010: 190 millones de espectadores. (+7%)
Ingresos totales en taquilla:
- 2009, 7 mil 730 millones de pesos
- 2010, 9 mil 032 millones de pesos (+17%)


