De hecho, fue Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, quien rompió con el pasado, en una de las series de desvíos y obstáculos que se le han ocurrido cada vez que fue presionado. 

Si bien gana en el corto plazo, a la larga, se está convirtiendo en una versión del ministro de Relaciones Exteriores soviético Andrei Gromyko, “El Sr. Nyet”, un hombre que será ignorado por la historia.

El predecesor inmediato de Netanyahu, Ehud Olmert, dijo en un discurso ampliamente difundido al parlamento israelí (Knéset) en el año 2008: “Debemos renunciar a los vecindarios árabes en Jerusalén y retornar al centro del territorio que constituye el estado de Israel con anterioridad a 1967, con pequeñas correcciones dictaminadas por la realidad creada en ese entonces.” 

Olmert, un hombre con una reputación de línea dura, dijo que eso significaba que Israel se quedaría con el 6 por ciento de Cisjordania –los principales asentamientos– y renunciaría a la tierra en otros lugares. Esta fue también la posición de Ehud Barak, primer ministro de Israel a finales de la década de 1990.

A través de ciertas declaraciones el presidente Bush y Condoleezza Rice dejaron claro que la administración de Bush se mantuvo en una posición similar.  

En 2008, George W. Bush expresó: “Pienso que cualquier acuerdo de paz entre ellos requerirá ajustes de común acuerdo con los lineamientos del armisticio de 1949 para reflejar las realidades actuales y asegurar que el estado palestino es viable y contiguo.” (Los lineamientos del armisticio de 1949 es otra manera de decir las fronteras de 1967).

O consideren esta declaración de noviembre del año pasado: “Estados Unidos cree que a través de negociaciones de buena fe, las partes pueden ponerse de acuerdo en un resultado que ponga fin al conflicto y reconcilie el objetivo palestino de convertirse en un estado independiente y viable, basado en los lineamientos de 1967, con permutas acordadas, y el objetivo israelí de ser un estado judío con fronteras seguras y reconocidas que reflejen los acontecimientos posteriores y cumpla con los requisitos de seguridad israelíes.” 

Esta declaración no es de Obama, ni Bush ni de Rice, sino que fue emitida conjuntamente por la secretaria de Estado Hillary Clinton y Netanyahu el 11 de noviembre de 2010.

Ahora Netanyahu dice que cualquier debate sobre las fronteras de 1967 es traición a la patria y que las nuevas fronteras deben reflejar “cambios dramáticos” desde ese entonces. Por tanto, la posición de un primer ministro israelí ha pasado de “pequeñas correcciones” a “cambios drásticos”. 

Al parecer, la disputa de Netanyahu es consigo mismo. Sin embargo, ¿tenemos que pensar que es Obama quien ha cambiado la política?

¿Por qué Netanyahu convirtió lo que era en el mejor de los casos una diferencia menor en una gran confrontación? ¿Ayuda a la seguridad de Israel o por el contrario lo fortalece para avivar las tensiones con su aliado más fuerte y gran benefactor? ¿Fomenta este comportamiento la resolución de los problemas de Israel? No, pero ayuda a Netanyahu a buscar apoyo en su casa y mantener su frágil coalición. Y mientras Bibi puede sonar como Churchill, Netanyahu actúa como un jefe local de distrito, mucho más interesado en mantener su puesto que en aprovecharlo para asegurar el futuro de Israel.

El cambio real y noticioso en la política de Estados Unidos fue que Obama condenara públicamente la estrategia palestina para obtener el reconocimiento como estado por parte de la Asamblea General de ONU en septiembre.

También cuestionó el acuerdo entre Al Fatah y Hamás. Obama hizo suya la idea de un estado palestino desmilitarizado, una demanda que Israel ha hecho en los últimos años. En lugar de agradecer a Obama por esto, Netanyahu crea un enfrentamiento público para obtener aplausos en su hogar.

Las referencias de Netanyahu a lo “insostenible” de las fronteras de 1967 lo muestran como sumido en un mundo que ha desaparecido. 

La principal amenaza para Israel hoy día no proviene del Ejército palestino. Israel tiene el Ejército y la economía más fuertes de la región, junto con un arsenal de armas nucleares. Las principales amenazas a Israel provienen de las nuevas tecnologías –cohetes, armas biológicas– y la demografía. 

Se duda menos de su existencia física que de su existencia demográfica debido a que continúa gobernando a millones de palestinos en condiciones de servidumbre, sin derecho a voto ni tampoco a un país.

El camino para resolver el conflicto palestino-israelí ha sido claro por 20 años. Israel podría ceder la mayor parte de las tierras que conquistó en la guerra de 1967 a un estado palestino, quedándose con  los principales bloques de asentamientos. 

A cambio, obtendría una serie de medidas diseñadas para proteger su seguridad. Es por eso que el proceso se llama tierra por  paz. El problema es que Netanyahu nunca creyó en el proceso de tierra por paz. Su estrategia ha sido la de poner obstáculos, crear confusiones y esperar afuera. Pero un día habrá paz sobre las líneas fronterizas de las que se ha hablado durante 20 años. Y Netanyahu será recordado sólo como una persona anterior a la persona que hizo las paces, como una coma en la historia.

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(c) 2011, The Washington Post Writers Group

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