En septiembre de 2001, las agencias de inteligencia de Estados Unidos (EU) informaron que el terrorismo de Al Qaeda se anidaba en Afganistán.

Al mes siguiente, el 7 de octubre, las tropas estadounidenses y británicas invadieron Afganistán, sin más trámites, invocando el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Casi 10 años después y en sólo una semana, tres funcionarios del más alto nivel del gabinete de Barack Obama hicieron inusuales declaraciones para advertir que en México existen graves riesgos que impactan directamente en la seguridad de EU.

Es por ello que el tema de la narcoviolencia mexicana fue elevado "a categoría uno" –como los huracanes–, que es la máxima prioridad entre las prioridades nacionales de EU.

¿Qué fundamentos tienen los temores del gobierno estadounidense? ¿Podría darse una intervención militar de EU en México? Analicemos.

¿A QUÉ VINO HILLARY?

Apenas hace dos semanas, Reporte Índigo reveló algunos de los verdaderos motivos de la visita de Hillary Clinton a México el pasado 24 de enero.

La nota de Anabel Hernández señala que la responsable del Departamento de Estado del gobierno más poderoso del mundo vino a urgir al gobierno mexicano para implementar acciones que permitan corregir la ya "insostenible" situación de la frontera norte de México.

Sin embargo, como corresponde a la diplomacia, la versión oficial fue que la secretaria de Estado había venido a felicitar al presidente mexicano por su lucha contra la delincuencia organizada.

Hillary Clinton hizo maravillosas declaraciones sobre la acción del gobierno, y al parecer, los funcionarios mexicanos se las creyeron. Pero olvidaron, o prefirieron ignorar, todo lo que se platicó en privado.

Y todo hace suponer que el gobierno de Felipe Calderón hizo caso omiso de las recomendaciones que los estadounidenses esperaban ver implementadas de inmediato.

Obviamente, no se trataba de resolver el problema de la narcoviolencia en 15 días. Pero EU sí esperaba que se hicieran algunos ajustes importantes, tanto en la estrategia, como en la integración del equipo responsable de llevarla a cabo.

Sin embargo, tal parece que el gobierno mexicano creyó que resolvería el problema lanzando una campaña para cambiar la percepción que tiene EU de su vecino del sur.

Por una parte, se intensificaron los spots que informan que el gobierno detuvo a peligrosos capos. Y por otra, el presidente de la República encabezó e impulsó una campaña para promover el turismo.

Todavía el miércoles 10 de febrero, los medios daban cuenta de las afirmaciones del secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, en el sentido de que México era mucho más seguro que muchas ciudades de Estados Unidos.

Quizá por eso no fue casualidad que esta misma semana, tres altos funcionarios del gabinete de Barack Obama hicieran impactantes declaraciones sobre la grave situación de la seguridad nacional, que ya es una amenaza para Estados Unidos.

LA ADVERTENCIA DEL SUBSCRETARIO DE GUERRA

"No quiero ver a nuestros soldados armados peleando contra la insurgencia justo en nuestra frontera o cruzándola", declaró el 8 de febrero el subsecretario de Guerra del Ejército de Estados Unidos, Joseph W. Westphal.

"No se trata sólo de drogas e inmigrantes ilegales. Se trata de la potencial toma de un gobierno que está justo en nuestra frontera".

Tal declaración inflamó el orgullo mexicano. Inmediatamente, diversas voces tildaron de ignorante al funcionario. La Cancillería mexicana y la Secretaría de Gobernación prácticamente le ordenaron al general Westphal mantener la boca cerrada.

Y todo parecía indicar que los gallardos funcionarios mexicanos habían derrotado al militar estadounidense y su retórica, pero el general rectificó.

Lamentó que sus "declaraciones inexactas hayan causado algún tipo de preocupación entre nuestros socios y amigos de la región, especialmente México.

"Mis comentarios no son, y nunca han sido o reflejado, las políticas del Departamento de Defensa o del gobierno de Estados Unidos hacia América Latina".

Sintiéndose victoriosa, la secretaria de Relaciones Exteriores Patricia Espinosa hasta se dio el lujo de hacer una recomendación al militar.

Son tan lamentables estas aseveraciones, dijo, que "deben llevar a que los funcionarios se abstengan de hacer declaraciones, de dar opiniones sin contar con todos los elementos del caso, porque de verdad que resulta penosa una declaración de este tipo y luego la corrección, pero nos parece que es muy correcto que lo hayan hecho”.

LA ADVERTENCIA DE JANET NAPOLITANO

Cuando los funcionarios de Calderón apenas se estaban reponiendo del susto, y quizá hasta del coraje, otra advertencia les puso los pelos de punta.

Esta vez, alzó la voz la secretaria de Seguridad Nacional de EU Janet Napolitano. Y su afirmación casi podría interpretarse como un ultimátum antes de declarar la guerra. Tan sutil, como intimidante.

El pasado miércoles 9 de febrero, Napolitano expuso ante su Congreso la preocupación de varios funcionarios de inteligencia y seguridad de EU sobre las consecuencias de una eventual asociación entre los principales cárteles de la droga mexicanos, como Los Zetas, con la organización terrorista Al Qaeda.

"Desde hace mucho tiempo hemos pensado en lo que podría pasar si Al Qaeda se uniera con Los Zetas. Y no digo más”, concluyó la funcionaria.

Esta segunda declaración causó escozor, y el gobierno mexicano volvió a defenderse. El secretario de Gobernación Francisco Blake Mora aclaró: “No hay ningún indicio ni elemento que suponga esa vinculación” (entre Los Zetas y Al Qaeda).

Daba la impresión de que el funcionario mexicano no había leído con cuidado la advertencia de la secretaria Napolitano. Ella nunca dijo que hubiera tal nexo. Tan sólo expresó su preocupación de que pudiera existir. Y eso debió haber sido suficiente para que el secretario mexicano ponderara su respuesta.

Y si no, habría que recordar la experiencia del ex secretario de Relaciones Exteriores de Saddam Hussein, Tariq Aziz, quien siempre negó que Iraq tuviera armas de destrucción masiva.

Al final, lo que contó fueron los informes de inteligencia de EU. En efecto, no había tales armas, pero Washington de todas formas ordenó la invasión de Iraq.

Y Tariq Aziz fue condenado a muerte, al igual que su jefe Saddam.

LA ADVERTENCIA DE JAMES CLAPPER

Cuando todo hacía pensar que el gobierno mexicano por fin había entendido las consecuencias que podrían tener los informes de inteligencia de EU (en caso de que reportaran una conexión entre Los Zetas y Al Qaeda), el presidente Felipe Calderón emprendió su contraofensiva.

"El Estado mexicano, sus Fuerzas Armadas, no están invadiendo ningún territorio extranjero, están defendiendo nuestro propio territorio, no están ambicionando apoderarse de recursos naturales o de otra índole que no nos pertenecen". Sólo le faltó decir: "No como otros".

Quizá por eso, o porque la situación ya está muy tensa, nuestros vecinos volvieron a lanzar una advertencia el jueves 10 de febrero. Esta vez, el vocero fue el director de Inteligencia de la Casa Blanca, James Clapper, quien declaró que México ya estaba en la mira.

"En términos generales, siguen siendo inadecuadas las capacidades militares y policiales de México para desmantelar a las organizaciones del tráfico (de drogas) y para contener la violencia criminal.

“Recientemente elevamos este tema (la narcoviolencia) a categoría uno, la más alta en términos de prioridad dentro de nuestro marco de prioridades nacionales”, afirmó Clapper.

GOD HELP US

¿Hasta dónde queremos llegar? ¿No nos hemos dado cuenta de que el gobierno estadounidense es el más poderoso del mundo?

¿No nos hemos percatado de que si en Monterrey, Ciudad Juárez, Guadalajara y muchas otras ciudades nos hemos tenido que resignar a vivir en medio de la violencia, los norteamericanos no están dispuestos a pasar por lo mismo?

Estados Unidos no tendría que recurrir a una invasión para controlar nuestra economía y nuestros recursos naturales.

Con una "operación intercepción" como la que puso en práctica en 1979 para frenar nuestras exportaciones, EU podría hacer que se esfumaran nuestras "abultadas reservas" en unas cuantas semanas.

No, ése no es el problema. Esta vez, los vecinos del norte no quieren ni nuestro territorio, ni nuestros recursos.

Esta vez, es posible que estén dispuestos a defender algo que les pertenece y que, a su juicio, estamos a punto de quitarles.

Su tranquilidad. Su paz. Su orden.

Así que, si no se enmiendan las cosas, que Dios nos agarre confesados.

Por cierto, ¿alguien puede explicar por qué ya no se ha visto al embajador Carlos Pascual acompañado de funcionarios mexicanos, ni siquiera en los periódicos?

 

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