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Los bonos del hambre

En medio de la peor crisis humanitaria del siglo XXI en el hemisferio occidental, el gobierno de Venezuela continúa pagando sus compromisos financieros de manera religiosa.  Goldman Sachs entiende la magnitud de esta oportunidad de negocio: gastó 865 millones de dólares para adquirir bonos de PDVSA esta semana

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El dilema venezolano está claro: reestructurar la deuda y conseguir dinero para importaciones o seguir pagando los compromisos financieros a costa de seguir alimentando la crisis humanitaria
“Invertir en el índice de bonos de mercados emergentes de JP Morgan implica que te congratulas de que un analista de Wall Street te informe que el país mantiene con hambre a su pueblo, para evitar una reestructura de bonos de deuda soberana”
Ricardo Hausmann
Ex secretario de planeación de Venezuela y profesor de economía de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard

Para Ricardo Hausmann, el exsecretario de Estado que acuñó el término “bonos del hambre”, el dilema para el gobierno venezolano está perfectamente claro. Una opción es continuar con una política de control de precios y de divisas que mantiene a la mayoría del pueblo de Venezuela en un estado permanente de hambre.

La alternativa es dejar de pagar los compromisos financieros del Estado, declarar una moratoria de pagos de la deuda externa, negociar una reestructuración con los acreedores y destinar, de manera inmediata,  los recursos disponibles para aumentar la importación de bienes de necesidad básica que puedan mitigar la crisis humanitaria del país.

Huelga decir que el gobierno del presidente Nicolás Maduro ha privilegiado la primera opción. Venezuela ha cumplido religiosamente con los pagos de su deuda externa, compensando a los inversionistas con primas de riesgo exorbitantes.  Hausmann, quien es profesor de economía en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, dice que el costo de esta política es el hambre de los venezolanos.

Esta semana, Goldman Sachs Asset Management realizó una compra de bonos de la compañía estatal Petróleos de Venezuela valuados en 2.8 mil millones de dólares. La firma de administración de activos podría obtener un rendimiento de hasta 48 por ciento si el gobierno de Venezuela cumple con los pagos pactados, los cuales terminan en el 2022.

Este tramo de bonos fue adquirido a un descuento de 31 centavos de dólar. La urgente necesidad del gobierno de Nicolás Maduro para obtener recursos queda exhibido en estas condiciones extremas de financiamiento.

Goldman Sachs es una de varias firmas de Wall Street que han acrecentado su tenencia de activos venezolanos en los últimos meses. No es difícil ver por qué.  Los bonos de Venezuela representan apenas el 5 por ciento de los activos de renta fija del índice de JP Morgan de bonos de mercados emergentes,  pero representan el 20 por ciento de su rendimiento total.

En el 2016, los bonos soberanos de Venezuela registraron el mayor rendimiento entre sus pares de economías emergentes de tamaño similar.

La crisis humanitaria

Para los críticos del régimen de Maduro la pregunta obligada ha dejado de ser cómo Venezuela, otrora el país más rico de América Latina, se convirtió en el ejemplo clásico de una economía que quedó arruinada por políticas económicas heterodoxas: intervencionismo estatal indiscriminado, control de precios y de divisas, concentración de la actividad económica en el sector petrolero, desprecio por el control de la inflación y alzas salariales que alimentaron el ciclo inflacionario.

Más bien, la pregunta obligada es cómo, ante una crisis humanitaria que no tiene precedentes en el siglo XXI en el hemisferio occidental, el gobierno está sacrificando el bienestar mínimo de la mayoría de la población para continuar pagando sus compromisos financieros.

La política económica de la administración de Nicolás Maduro ha probado ser un fracaso. Desde el 2013, el producto interno bruto de Venezuela se ha contraído 27 por ciento y la inflación esperada para el 2017 rebasa el 720 por ciento.

Sin embargo, la verdadera tragedia está en la crisis humanitaria que los venezolanos viven de manera cotidiana. La prensa nacional e internacional reporta que los sistemas de salud están colapsados, que no hay acceso a bienes como condones o papel de baño y que la escasez generalizada ha obligado, a gran parte de la población a buscar comida en los basureros.

Datos de la encuesta nacional anual que realizan la tres mayores universidades del país muestran que 75 por ciento de los venezolanos perdieron 19 libras en el 2016. La pérdida de peso se explica por otro dato proporcionado por la encuesta: el 82 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza.

La crisis humanitaria venezolana puede ser resumida en dos datos. Entre el 2012 y el 2016 las importaciones del país se redujeron en casi un 75 por ciento. En el último año, éstas se han contraído 20 por ciento, de acuerdo a la firma Torino Capital.

Esto ha abonado a un escenario de creciente tensión política, que ha derivado en enfrentamientos entre grupos de choque del gobierno y la oposición. El diario The Wall Street Journal reporta que al menos 60 personas han muerto en  los enfrentamientos recientes.

El cabildeo de Wall Street

El régimen de Nicolás Maduro cuenta con una aprobación de alrededor del 20 por ciento, según el consenso de las casas encuestadoras venezolanas. Ello ha obligado al gobierno a tomar medidas extremas para conseguir recursos financieros en el corto plazo: Citgo, la subsidiaria estadounidense de Petróleos de Venezuela (y una de las únicas entidades rentables de la firma) fue utilizada como colateral en una emisión de deuda de la petrolera.

Esto pone de relieve la oportunidad de negocio que representa Venezuela para Wall Street y para entidades como Rosneft, la petrolera estatal de Rusia que adquiriría el control de Citgo en caso de un default.

El sector financiero estadounidense cabildea de manera activa con el gobierno y con la oposición de Venezuela. Su primera demanda es la de evitar una reestructuración de deuda a toda costa. Argumentan que sería el tiro de gracia para la estabilidad del país.

La segunda demanda es que se debe evitar un rescate financiero internacional dirigido por el Fondo Monetario Internacional. Ello implicaría una quita de deuda significativa para los acreedores.

Finalmente, se ha instado a la oposición a exigir la liberación de presos políticos a cambio de reconocer la deuda externa del gobierno de Nicolás Maduro.

Los intereses de Wall Street en Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras en el mundo, son claras. La factibilidad de que el país salga de la crisis humanitaria en el corto plazo no tanto.

 
 

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