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Pesadilla fiscal

El paralelismo entre México y Brasil, las dos mayores economías de América Latina, es impresionante. Pese a que han apostado por modelos económicos divergentes, la coyuntura global que ha hecho estragos en los países emergentes los ha situado en condiciones similares.

La desaceleración económica es evidente en ambos países. México ha recortado constantemente sus expectativas de crecimiento. La calificadora Moody’s espera que el país crezca 2.3 por ciento en 2015, en línea con la tasa de expansión anual promedio de las últimas dos décadas. 

259,000
millones de pesos es el recorte al gasto público programado por la Secretaría de Hacienda para el 2015 y el 2016
El déficit presupuestario de Brasil es mucho más grande que el de México y se pronostica que siga creciendo hasta alcanzar el 70 por ciento del PIB para el 2018

El paralelismo entre México y Brasil, las dos mayores economías de América Latina, es impresionante. Pese a que han apostado por modelos económicos divergentes, la coyuntura global que ha hecho estragos en los países emergentes los ha situado en condiciones similares.

La desaceleración económica es evidente en ambos países. México ha recortado constantemente sus expectativas de crecimiento. La calificadora Moody’s espera que el país crezca 2.3 por ciento en 2015, en línea con la tasa de expansión anual promedio de las últimas dos décadas. 

En el segundo trimestre del año, Brasil reportó una contracción de 1.9 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). El país entró en recesión y la recuperación no está a la vuelta de la esquina. Se espera que para final del año la caída de su PIB sea de  2.3 por ciento y que esta tendencia continúe para 2016. 

Por su parte, Brasil se enfila hacia la recesión más profunda en el último cuarto de siglo.

Finanzas públicas en la lona

La pérdida de dinamismo de la economía de China ha impactado negativamente en el precio de las materias primas. El precio del petróleo tocó mínimos de seis años la semana pasada y los principales productos de exportación de Brasil enfrentan un continuo espiral negativo.

Un tercio del presupuesto mexicano depende de los ingresos petroleros y China, el mayor consumidor de materias primas del mundo, es el primer socio comercial de Brasil.  Las fragilidad de las finanzas públicas, tanto de México como de Brasil, han orillado a ambos países a establecer un programa de austeridad.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público estableció que se recortarían 124 mil millones de pesos al gasto público de 2015. En el primer semestre del año, el gobierno mexicano ha gastado alrededor de 100 mil millones de pesos más de lo proyectado. Por lo tanto, han surgido dudas respecto al compromiso de México con su programa de responsabilidad fiscal. 

Para cumplir con su objetivo, el gobierno deberá realizar un recorte de alrededor de 220 mil millones de pesos en lo que resta del año. Además, el programa de austeridad se extiende también para el siguiente año: el recorte programado es de 135 mil millones de pesos. El caso fiscal brasileño es aún más severo que el mexicano y amenaza con poner en riesgo a la de por sí ya dañada economía del país sudamericano.  El déficit presupuestario se ha deteriorado drásticamente desde el 2012. Para finales del año, el déficit fiscal que incluye el pago de intereses a la deuda podría alcanzar entre 8 y 9 por ciento del PIB.

Esta tendencia podría exacerbarse considerando los pronósticos que esperan que la deuda pública de Brasil alcance el 70 por ciento del PIB para 2018 y a que la tasa de interés es de las más altas del mundo (14.25 por ciento).  El desbalance de las finanzas públicas obligaría al gobierno brasileño a pedir prestado para cubrir el pago de intereses más inmediato.

En agosto, Moody’s rebajó la calificación de la deuda brasileña al mínimo escalón del grado de inversión. Un gran número de inversionistas y fondos de pensiones están obligados a colocar su capital únicamente en activos que cuenten con grado de inversión.

En un momento en que la política económica está atada de manos para responder a una eventual crisis, una rebaja subsecuente de la deuda brasileña podría reflejarse en una severa fuga de capitales.

El gobierno brasileño entiende que está al borde del precipicio y que el mantenimiento de la calificación crediticia es vital.  Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, anunció un programa de austeridad que incluye la desaparición de 10 ministerios. No obstante, las medidas han sido calificadas al interior del país como una pantalla de humo. Un miembro anónimo del gabinete brasileño le dijo a la agencia Bloomberg que la mayoría de los cambios eran de carácter cosmético ya que no significaban un ahorro de costos significativo.  El gasto público de Brasil representa cerca del 40 por ciento del PIB, uno de los mayores niveles para países de ingreso medio.

El gobierno había prometido que al finalizar el año registraría un superávit fiscal primario de 0.15 por ciento del PIB. El deterioro de las condiciones orilló a cambiar la proyección hacia un déficit fiscal de 0.9 por ciento del PIB.

Al igual que en México, la presidenta de Brasil enfrenta el nivel de aprobación más bajo en mucho tiempo. La diferencia es que Dilma Rousseff no cuenta con una mayoría en el congreso ni con aliados políticos que le permitan sacar adelante reformas para la estabilización fiscal.

Lecciones para México

Aunque México se ha caracterizado por mantener su estabilidad macroeconómica y está lejos de una catástrofe, el país encuentra coincidencias con el caso brasileño que van más allá de la desaceleración y la austeridad.

El entorno global ha limitado la capacidad de reacción de la política económica de ambos países.  Los intentos de estabilización de las finanzas públicas, como la política mexicana de cero déficit, son recibidos con reserva.

Asimismo, los escándalos de corrupción han mermado la confianza pública y son citados por agencias calificadoras y analistas como inhibidores del crecimiento.

Moody’s argumenta que 2015 y 2016 serán años difíciles para México. El efecto retardado de las reformas y la complicación del entorno externo ponen un velo de duda sobre la economía mexicana.

 

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