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China vuelve a los reflectores

El verano pasado, una decisión arbitraria del banco central de China fue el origen de un periodo de turbulencia y volatilidad que irrumpió a los mercados internacionales.

El Banco Popular de China devaluó su divisa 5 por ciento frente al dólar  en el curso de una semana y la respuesta inmediata del mercado fue una caída de los principales índices accionarios de China, así como una subsecuente salida de capitales que continúa hasta la fecha.

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el alza en el tipo de cambio del yuan frente al dólar anunciada por el Banco Popular de China - la más grande en los últimos 11 años
En un ejemplo clásico de teoría de juegos aplicada a política monetaria, China optó por un fortalecimiento de su moneda 

El verano pasado, una decisión arbitraria del banco central de China fue el origen de un periodo de turbulencia y volatilidad que irrumpió a los mercados internacionales.

El Banco Popular de China devaluó su divisa 5 por ciento frente al dólar  en el curso de una semana y la respuesta inmediata del mercado fue una caída de los principales índices accionarios de China, así como una subsecuente salida de capitales que continúa hasta la fecha.

La medida fue de tal magnitud que generó un sentimiento global de aversión al riesgo que tuvo que ser incluido en el discurso de la Reserva Federal (Fed), el principal banco central del mundo, como un factor que retrasó la esperada alza de sus tipos de interés.

Desde entonces, las autoridades chinas se comprometieron a mejorar la comunicación de sus decisiones de política monetaria y se abocaron a hacer un recuento de daños. La estabilización se convirtió en el eje rector de la política económica de China.

La semana pasada el banco central de China volvió a llamar la atención de los inversionistas globales. El Banco Popular de China determinó que el tipo de cambio del yuan frente al dólar sería 0.57 por ciento mayor que el nivel previo. A pesar de que la variación no supera el uno por ciento, el cambio representa el mayor movimiento al alza en el tipo de cambio en los últimos once años.

El consenso de analistas sugiere que la fijación del tipo de cambio del yuan frente al dólar en este nivel responde a la sorprendente decisión del banco central de Japón de no incrementar sus políticas de estímulo monetario y a que la Fed no elevó sus tipos de interés durante su última reunión de política monetaria.

Esto condujo a un debilitamiento del dólar y a un fortalecimiento del yen japonés. En un ejemplo clásico de teoría de juegos aplicada a decisiones de política monetaria, China optó por un fortalecimiento de su moneda.

Lectura dividida

Sin embargo, la decisión del Banco Popular de China generó lecturas divergentes entre los analistas.

Mientras que hubo quienes aplaudieron la medida como un acercamiento hacia una política de reglas a favor de la estabilidad, algunos analistas advirtieron que el movimiento sugiere una continuidad que podría desatar nuevos episodios de volatilidad.

Paul Mackel, director de investigación de mercados emergentes de HSBC, dijo que la medida fue significativa y que representa un gesto amistoso hacia la decisión del banco central de Japón. Para Mackel, contrario a la narrativa de guerra de divisas que ha prevalecido en los últimos años, calificó la medida como una “tregua de divisas”.

La guerra de divisas se refiere a la devaluación de la moneda local para elevar la competitividad de las exportaciones, lo que constituye un juego de suma cero.
 
La esperada reforma
 
El discurso chino ha insistido en la necesidad de una reforma financiera integral que acabe con la discreción de las autoridades para establecer el tipo de cambio y que procure una nueva política de reglas más amigable para el mercado. No obstante, los cambios en la estructura y la política financiera se han dado a marchas forzadas. Esto se puso en evidencia el verano pasado, cuando el gobierno chino intentó detener la caída del mercado bursátil mediante medidas como la suspensión del mercado de valores después de que el índice cayera debajo de cierto nivel o medidas como la prohibición para ejercer posturas de venta a ejecutivos de empresas del Estado.
 

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