Mi recuerdo más antiguo en torno al cine de terror son unas películas en súper ocho que mi padre de repente ponía en casa, eran películas que comprimía en 5 ó 10 minutos; de las primeras que vi fue la de Frankenstein contra el Hombre Lobo y si en la tele salía algo relacionado al terror ahí estaba viéndolo.
Mi papá fue el que se dio cuenta que me fascinaba el tema, que me llamaba mucho la atención; muchas veces cuando regresaba de viaje me traía revistas de Fangoria, de cine de terror y yo me concentraba en copiar las caras de los monstruos, me acuerdo que al Hombre Lobo lo hice mil veces, me encantaba hacer el pelo de la cara y los colmillos.
El cine me absorbía, me metía totalmente en esas películas; recuerdo de niño, que cuando descubrí la “Dimensión Desconocida” fue el acabose, pues no era sólo el asunto de monstruos, el programa aportaba mucho más. Creo que es de lo mejor que ha dado la televisión, Rod Serling tuvo una idea excelente y escribió algunas de las mejores historias de Twilight zone, por ahí empezó mi fascinación por el cine de terror.
Para mí el cine de terror es una obsesión y me sale cara, busco el terror por todos lados; tengo buenos amigos que también son fanáticos y compartimos cosas, por medio del Internet te vas enterando de qué va saliendo aquí y allá; las películas coreanas de terror me parecen las mejores que se están haciendo en la actualidad.
Uno de los grandes retos para el cine de terror es volver a hacer cine de monstruos como Frankenstein, Alien o Freddy Krueger, creo que es difícil hoy en día y que los que podrían hacer un mejor trabajo son los cineastas orientales.
Para encontrar buen cine hay que estar en todos lados, yo digo que el cine de terror es como el Heavy Metal y el arte abstracto, hay que ver mucho malo para encontrarte con dos, tres cosas buenas.
El monstruo estrella
Como monstruo preferido no hay quien le gane a Frankenstein, yo creo que es el monstruo de monstruos, el más querido del mundo; es el más humano, el que se parece más a nosotros, es un ser reconstruido, hecho de partes de otras personas, y psicológicamente así somos, hechos de partes de nuestros padres, de nuestras amistades, de la gente más cercana y muchas veces nos convierten en monstruos.
Es el monstruo más empático para cualquier persona, el hecho de no ser aceptado por su aspecto físico es algo que compartimos todos en algún momento.
En la novela de Frankenstein se plantea el cuestionamiento de ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, como que quiere recordar pero no sabe qué onda, se siente abandonado por su ser creador: su padre Víctor Frankenstein.
Es extremadamente humano, es muy terrenal y de los monstruos en quien más puedes creer, que algo así pueda suceder. Ahí está esa imagen del científico loco al que se le sale la ciencia de las manos, te preguntas cuál es el verdadero monstruo el Dr. Frankenstein o el ente que ha creado.
Yo creo que Frankenstein hoy en día está más vigente que nunca, ahora con las clonaciones y viendo lo que el ser humano le hace al planeta, cómo lo transforma a una velocidad increíble… cómo ha cambiado el clima, somos monstruos.
La visión profunda
A mí todo el lado oscuro de la vida me ha interesado siempre, lo he trabajado en mi pintura y en mi música, siempre trato de ver qué hay detrás de la cortina. Desde niño siempre me interesó ver qué había en el cuarto dónde nadie entraba y esto me llevó con el tiempo a interesarme en el psicoanálisis, pues buscando en tu lado oscuro es la manera en la que siento que más puedes avanzar en la vida, si ignoras ese lado oscuro vivirás siempre con miedos, fantasmas y esqueletos en el clóset y te vas a “medio conocer”, pues sólo verás lo bueno sobre ti mismo y sólo conoces una parte.
Hay que llevar la luz a ese otro lado, conocer los monstruos que viven ahí, que no son malos, simplemente son y hay que escucharlos, en la cabeza son sub-personalidades de uno, que puedes dejar ahí encerradas y nunca dialogar con ellas y negar esa parte tuya y ser un ser mediocre para mi gusto, o conocerte completo, por todos lados y dejar atrás miedos.
Con redacción de Alejandra Nájera Mora.








