#Enlasillade

Mi otra pasión: el cine

Las películas son excelentes instrumentos para recordar. Entre las filas de butacas disfruto de las historias que nos permiten sentir y emocionarnos por la historia más excitante que se puede contar: la vida

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“La vida es tan corta que cuando te das cuenta que no la disfrutaste, que no hiciste lo que quisiste, dan ganas de preguntar ‘¿a qué vine?’”
“Diario de una pasión es una película triste, padrísima... Un romance inolvidable para todos”
“En algún momento de mi vida dije que quería ser alguien conocido. Afortunadamente lo logré y me gusta”
“Soy un cinéfilo o un desvelado. Una de las dos ha de ser causa y la otra consecuencia”

A mí me encanta vivir. Vivo disfrutando de mi familia, de la vida, del cine. Eso sí es algo que me encanta. Al cine y al teatro trato siempre de ir cuando puedo, cuando no, estoy leyendo un libro. Lo de los libros me atrapa por temporadas: de repente en dos meses leo dos, tres o hasta cuatro. Luego hay veces en que pasa un año entero y no toco uno. El cine es diferente, es todo el tiempo. Es una pasión que vivo desde chavillo.

Mi relación con la televisión corre entre películas, series o deportes. Puedo ver una película diez veces en la televisión, pero antes ya la vi en el cine. A mi mujer no le gusta, sin embargo la afición la han heredado mis hijas, les fascina.

Forever Alone

Mi gusto por el cine no se reduce sólo a las películas; me encanta estar en una sala, disfrutando. Muchas veces he ido solo. Cuando estoy entrenando o por alguna razón estoy solo, me lanzo por mi cuenta al cine.

Mi hija no lo entiende: “¿Cómo vas a ir al cine solo? Eso es de Forever Alone”, me dice, y yo me muero de la risa. Trato de explicarle que uno se concentra en la película, que no entiendo la necesidad de estar con alguien al lado. Voy a ver las películas y por eso me encanta ir al cine solo. Si voy a platicar con alguien no me meto al cine, me voy a tomar un café, un refresco o a cenar.

De repente me tocó estar solo en Guadalajara, porque mis hijas quisieron quedarse en Monterrey. A veces pasaba hasta tres semanas solo. Mi diversión era agarrar el coche e ir al cine.

Mi vida es disfrutar la vida. La vida es tan corta que cuando te das cuenta que no la disfrutaste, que no hiciste lo que quisiste, dan ganas de preguntar “¿a qué vine?”

En algún momento de mi vida dije que quería ser alguien conocido. Afortunadamente lo logré y me gusta. Lo disfruto mucho. No siento ninguna limitante por ser una figura pública. No me molesta. Sigo yendo a todos lados, a todas las películas.

Las que se quedan en mi memoria

Me encanta todo tipo de cine. El único género frente al que me detengo es el de terror. No voy porque me de miedo; no me da miedo. En verdad. De chavillo iba mucho a esas películas. Hoy ya no voy porque se me hacen burdas. Siempre es lo mismo: matanzas, sangre… ¡Uno sale hasta salpicado del cine! Ésas son las únicas películas que no me llaman la atención.

En cambio, tengo muy claro cuáles son mis películas favoritas. Hay muchísimas: cómo olvidar la series de Rocky o Arma mortal, son ya clásicas; de las que no se te van de la cabeza. En mi lista está también Tornado. En general disfruto mucho las películas intensas. Por eso me gustó también Diario de una pasión.

Debo aclarar algo: no soy muy chillón. Sí siento las películas, y las disfruto, pero no suelo llorar por una. Fui a ver Diario de una pasión con mi esposa. Estábamos en el cine y yo volteaba de reojo, a ver qué estaba haciendo, cómo la estaba pasando. Ella me pedía que dejara de hacerlo. De repente hubo un silencio en la sala y se oía cómo todo el cine lloraba y lloraba. No puedo negar que es una película triste, padrísima, que me encantó. Un romance inolvidable para todos, pero no me uní a los que lloraban.

En la noche, cuando nos fuimos al cuarto a dormir, no se cómo, pero mi esposa lloraba. Estaba dormida y lloraba y lloraba… Hasta que la desperté, preocupado, y ella me confesó que estaba soñando con la película y que estaba cobrándose todas las lágrimas que yo por chismoso no le había dejado derramar en el cine.

Realmente lo mío son las películas de acción y de deportes. No puedo dejarlo a un lado; a final de cuentas es otra de mis grandes pasiones. Las películas de beisbol que hacen los estadunidenses son también mi debilidad. Ahí está Kevin Costner en Por amor al juego. Otra que me gustó mucho fue Jerry Maguire. Te deja una enseñanza bastante buena sobre lo que es un representante. Eso es lo que buscarías que realmente fuera un representante en el futbol. Desgraciadamente no los tenemos así.

Soy un cinéfilo o un desvelado. Una de las dos ha de ser causa y la otra consecuencia de que a veces termino apagando la televisión a las tres, cuatro, cinco de la mañana viendo películas. Pareciera que la concentración no es para los jugadores, sino para mí. A veces es lo único que me detiene de ir al cine.

No me hallo no yendo al cine. De repente, cuando pasan quince días y no he ido, me siento raro. Hay veces que me como toda la cartelera y ya no hay nada que ver.

Las películas son excelentes instrumentos para recordar. Con ellas recordamos no sólo las vidas de otros o los hechos históricos, sino también parte de nuestra propia vida. El cine nos permite transportar historias, mezclarlas, adoptarlas. No es una extensión de la vida, de vivirla y disfrutarla.

Redacción: Luis Madrigal.

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