#Enlasillade

Del otro lado de las letras

Hay miles de libros que profesores o amigos me recomiendan leer y que quisiera que la vida me alcanzara para hacerlo. Así como tengo apilados unos 15 en espera, tengo otros 15 anotados para “algún día”.

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“El primer libro que leí fue “Corazón de Piedra Verde”, de Salvador de Madariaga, que Pablo mi esposo (entonces novio), me regaló cuando tenía 14 años. Recuerdo que cuando lo terminé, me lo puse sobre el pecho y entendí lo que un libro te deja”.
“Disfruto mucho una buena novela. Germán Dehesa fue mi maestro de literatura por 18 años y con él aprendí a reconocer la buena literatura”. Gaby Vargas, comunicadora, conferencista, asesora de imagen, empresaria.

Mi pasión es leer, representa una forma de conocer la vida, a mí misma y a la fragilidad humana. Descubrir la belleza de la palabra, de lo que es capaz de transmitir a niveles profundos, cuando quien escribe lo hace con arte, desde de una manera valiente, honesta y desde las entrañas. 

Nunca me he considerado escritora; me considero una comunicadora. Comunico a través de lo que escribo y de lo que hablo, todo aquello que en lo personal me interesa, me hace sentido, me hace reflexionar y crecer. 

Además de leer, disfruto el aprender. Siento un hambre voraz por conocer cosas nuevas, ideas, filosofías, formas de pensamiento, en especial, todo lo que nos lleva a un crecimiento interior. 

El primer libro que leí fue “Corazón de Piedra Verde”, de Salvador de Madariaga, que Pablo mi esposo (entonces novio), me regaló cuando tenía 14 años. Recuerdo que cuando lo terminé, me lo puse sobre el pecho y entendí lo que un libro te deja. Fue una experiencia tan enriquecedora en todos los sentidos, que ese día nació mi pasión por la lectura. Desde entonces, te puedo decir que no ha pasado un solo día en el que no haya tenido un libro entre las manos. 

Disfruto mucho una buena novela. Germán Dehesa fue mi maestro de literatura por 18 años y con él aprendí a reconocer la buena literatura. Mas ahora me doy cuenta de que la mayor parte de los libros que leo, son de espiritualidad. Tengo unos 15 libros por leer apilados en mi librero, que me saboreo llegar a cada uno de ellos. ¿Por qué? Me imagino que es la etapa de mi vida en la que me encuentro. 

Hay miles de libros que profesores o amigos me recomiendan leer y que quisiera que la vida me alcanzara para hacerlo. Así como tengo apilados unos 15 en espera, tengo otros 15 anotados para “algún día”.

Dedico a esta gran gusto, por lo menos, una hora al día, pero esto varía. Mi trabajo, que es comunicar, me lleva a investigar mucho sobre diversos temas. Así que tengo la fortuna de decir que mi trabajo es mi pasión. 

Si sólo tuviera tiempo para releer cinco libros de los que ya he leído, sin duda serían “Seda”, de Alessandro Baricco; “Narciso y Golmundo”, de Herman Hesse; “La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón; “El Dios de las Pequeñas Cosas”, de Arundhati, y “La Borra del Café”, de Mario Benedetti, pues todos me han dejado algo en su momento y los disfruté mucho.

Lo que les puedo decir es que, aunque leo temas muy variados, no me interesan los libros tipo “thrillers”, ni de suspenso, ni de vampiros, ni de política.

Por las mañanas leo en mi estudio en el que  gozo de privacidad y silencio, y sobre un sillón muy cómodo.  Es mi lugar favorito de la casa. Por las noches, en mi cama. Mi esposo y yo desde hace tres años decidimos no ver televisión y mucho menos noticieros, son muy tóxicos para la mente y para el sueño. Así que vemos un solo episodio de alguna serie que nos guste de media hora y después leemos.  

Cuando era niña no me tocó ver a mis papás haciendo esto. En una familia con siete hijos, pañales de tela y necesidad económica, a mi mamá siempre la vi dedicada a su casa y a sus hijos. Por otro lado, mi papá, quien trabajaba todo el día, forjándose un futuro, cuando tenía tiempo de descanso, su pasión era la música. Siempre hubo música en mi casa, mas no tanto libros. 

No tengo rituales de lectura en sí, pero me gusta estar cómoda, tener una taza de té al lado, una buena luz y, sobre todo, silencio. 

Sin embargo, si no estoy en mi estudio puedo practicar mi pasión en todos lados: aeropuertos, taxis, en el coche cuando alguien maneja, parada en mi recámara, cuando me escapo para leer el desenlace de una trama, salas de espera, en fin. 

Para mí, vivir es un privilegio que disfruto enormemente cada momento. Me hace feliz un abrazo de Pablo mi esposo, hacer ejercicio, leer con tranquilidad, las flores, jugar con mis nietos, los chocolates oscuros, disfrutar un buen vino, irme en bicicleta por el campo con mi perro. Me hace feliz comunicar lo que aprendo y saber que a alguien le sirvió en un momento dado. Me hace feliz estar viva. 

Siempre estoy en busca de temas que me hagan resonancia y esto a través de los libros, de vivencias, de historias que me narran, de observar a los otros y observarme a mí misma, de aprender de mis nietos, de las distintas clases que tomo... Cualquier detalle que me lleve a una reflexión y que considere que nos ayude a mis lectores y a mí a vivir mejor. 

Redacción por Claudia Cantú.

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