Lo que vimos en el segundo debate presidencial fue que el presidente Obama y Mitt Romney “no” discutieron el futuro de la nación.
Casi todos los expertos coinciden en que controlar los costes de la asistencia médica es el punto esencial para curar el déficit presupuestario crónico.
Los gastos sanitarios ya exceden un cuarto del desembolso federal.
Con la cobertura, en el plan de Obama, de los no-asegurados, que comenzará en 2014, y con el enorme influjo en Medicare de baby-boomers recientemente jubilados, esa porción va en vías de convertirse en un tercio.